sábado, 13 de mayo de 2017

Primer Resumen de Burdeos 2010

La añada 2010 fue otra de esas añadas míticas en Burdeos (y ya van no sé cuántas añadas del siglo), con muchos vinos obteniendo altísimas puntuaciones en las revistas de mayor prestigio en el panorama vinícola.
En su día adquirí en avanzada 12 botellas de distintas AOC bordelesas, dentro de lo que mis presupuestos me permiten, y ahora que ya he probado todos los vinos, toca hacer un primer balance.
Descorché la primera botella de Château de La Dauphine 2010 (AOC Fronsac, tinto con crianza, 90% Merlot, 10% Cabernet Franc) allá por febrero de 2014, encontrando un vino de color rubídeo granatoso, de capa media, con una nariz no muy intensa, pero si agradable, licorosa, con frutos negros maduros, algo de cueros y notas florales. En boca se mostró fresco y frutal, con buena acidez, de cuerpo medio y un tanino delicado. La segunda botella tuvo cerca de un año más de evolución, haciéndose más maduro e interesante. Un vino sin grandes complejidades pero muy disfrutable.
El siguiente en hacer su aparición fue Château Grand Village 2010 (AOC Bordeaux Supérieur (Fronsac), tinto con crianza 75% Merlot y 25% Cabernet Franc). También a principios de 2014 vestía de color rubí asomando tonos granate, aromas de fruta roja y negra muy maduras, balsámicos, especiados, notas terrosas y toques de vainilla; en boca fue frutal, buena acidez, algo austero y con un tanino marcado; era aún demasiado joven. Alrededor de un año después, el tanino se había pulido bastante, todo estaba más conjuntado y el vino se disfrutaba mucho más, pero quizás fue de los que menos me entusiasmó.
En octubre de 2014 me atreví a abrir la primera botella de Château Haut-Beauséjour 2010 (AOC Saint-Estèphe (Cru Bourgeois), tinto con crianza, 53% Merlot y 47% Cabernet Sauvignon). Esta primera botella mostró un vino de color granatoso de capa media, con nariz licorosa de fruta roja, viruta de cedro, puntas balsámicas y algo terrosa; en boca  buena acidez, cuerpo medio, agradable y algo secante; necesitaba evolucionar. La segunda botella fue bebida en septiembre de 2015, el color no había cambiado demasiado, y en nariz aparecían pimiento, pimienta, grosellas y las notas balsámicas y de maderas ya comentadas; en boca el vino había ganado en presencia, manteniendo aún una buena acidez y siendo aún algo tánico. Buena evolución, pero me gustaría tener otra botella ya que necesitaba evolucionar aún más.
Ya en marzo de 2016 nos atrevimos con el primer Cru Classé, Château Fonroque 2010 (AOC Saint-Émilion Grand Cru Classé, tinto con crianza, 88% Merlot y 12% Cabernet Franc). De un precioso color cereza con ribete granate, nos regaló aromas intensos de fruta madura, maderas finas, hojarasca y notas de cuero en vueltas con balsámicos en una nariz licorosa; en boca buena acidez, cuerpo medio, frutal y con un final secante de duración media. Me queda una segunda botella que va a reposar aún un buen tiempo.
Para terminar, hace menos de un mes volvimos al Médoc con Château de Pez 2010 (AOC Saint-Estèphe (Cru Bourgeois Exceptionnel), tinto con crianza, 52.5% Cabernet Sauvignon y 47.5% Merlot). De color rojo granatoso, algo apagado, con destellos rubí; nariz de intensidad media, con maderas, fruta roja, tinta china y pimienta, y con un paso por boca sedoso, de buena acidez, muy bien conjuntado y con un final muy agradable de buena duración. Un vino muy rico, ya muy bien para beber, pero que creo que la segunda botella que me queda puede evolucionar hacia un vino muy bueno.
No voy a hablar de la primera botella descorchada de Château Lafleur-Gazin 2010, mi primer Pomerol, ya que tenía TCA, y aunque con un truco que encontré por ahí logré eliminar un poco el pestazo a corcho y el vino en boca apunta muy buenas cosas, no se puede valorar correctamente, así que espero que la siguiente botella no tenga el mismo defecto.
Buenos vinos en general, disfrutables, que necesitan tiempo y paciencia para revelar lo que llevan dentro.

sábado, 15 de abril de 2017

La Bernardine 2009 de Chapoutier

La AOC Châteauneuf-du-Pape comprende unas 3200 Ha de viñedo situado en el sureste de Francia, en la región del Ródano meridional, y en ella se elaboran unos 110000 Hl de vino anualmente. Los viñedos están asentados sobre los famosos "galets" o guijarros de cuarcita que retienen el calor que el sol les aporta durante el día y lo van liberando poco a poco durante la noche, además de ayudar a retener la humedad del suelo. En esta AOC están permitidas hasta 13 castas de uva, siendo las tintas principales Grenache, Syrah, Mourvèdre, Cinsaut, Counoise, Terret Noir, Muscardin y Vaccarèse, y las blancas Clairette, Roussanne, Picpoul, Picardan y Bourboulenc.
Los vinos de Châteauneuf-du-Pape suelen ser vinos potentes, alcohólicos, y de color bien cubierto, y es característica la fermentación de los vinos a altas temperaturas en depósitos de hormigón, y la crianza en este mismo material.
Ya hemos hablado anteriormente aquí de otro vino de la Maison Chapoutier, por lo que no creo que sea necesario volver a entrar en detalles sobre la cantidad de Ha de viñedo que poseen o controlan, sus métodos de cultivo o elaboración, o la extensa gama de vinos que sacan al mercado.
Si el anterior vino que comenté de M. Chapoutier fue un Crozes-Hermitage, en esta ocasión le toca el turno a La Bernardine Châteauneuf-du-Pape 2009 (AOC Châteauneuf-du-Pape, tinto con crianza, Grenache, Syrah, Mourvèdre; M. Chapoutier). Elaborado fundamentalmente con Garnacha (cerca de un 80%), conjuntada con Monastrell y Syrah, las uvas, tras una meticulosa selección, fermentan durante tres semanas a altas temperaturas en depósitos de hormigón, para luego hacer una crianza de 12 a 15 meses en recipientes similares. Nos encontramos con un vino de color rubí granatoso de capa media alta, con una buena intensidad aromática de ciruelas, cerezas, fruta escarchada, violetas, y algunas notas cárnicas y de café. En boca es un vino intenso, potente y con cuerpo, con una acidez muy correcta, aún algo secante y con un final de duración media. Bebido en Abril de 2017, acompañó muy bien a unos quesos potentes.
Me parece un buen vino, serio y potente, pero no acabó de gustarme demasiado; y siendo el segundo vino de esta casa que pruebo, y sin haberme entusiasmado ninguno de los dos, igual es que el estilo de vinos que elaboran no va conmigo. He probado vinos del Ródano de las AOC Crozes Hermitage, Côtes du Rhône o Saint-Joseph de elaboradores como Auguste Clape, Pierre Gonon, Alain Graillot o Domaine de la Janasse, y he disfrutado mucho más con ellos.

sábado, 8 de abril de 2017

Trío de Vinos de La Bodega de Pinoso

La Bodega de Pinoso se constituye como cooperativa en 1932, y a principios de este siglo XXI decide empezar a vender vino embotellado bajo la marca de la cooperativa, al mismo tiempo que empieza su apuesta por la agricultura ecológica, llegando a ser en la actualidad una de las principales productoras de vinos procedentes de agricultura ecológica de la Comunitat Valenciana.
Actualmente, La Bodega de Pinoso dispone de 1700 Ha de viñedo, con una edad media de 25 años, de los cuales más de la mitad están bajo la Normativa Europea de Producción Ecológica. Estos viñedos están repartidos entre los términos municipales de Pinoso, Monóvar, Yecla y Jumilla. Más del 70% de estos viñedos están plantados con la casta autóctona Monastrell, aunque también cultivan otras variedades como Tempranillo, Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot, Garnacha Tintorera, Macabeo, Airén y Sauvignon Blanc. Los suelos son calizos y pobres en materia orgánica, con un clima de tipo continental influenciado por la cercanía del Mar Mediterráneo, caracterizado por la escasez de lluvias (300-400 mm/año) y el alto número de horas de insolación (2.500 – 3.000 horas de sol).
La viticultura y elaboración por las que apuestan en este bodega tienen una serie de características como abonado de las parcelas con estiércol proveniente de ganadería ecológica para mejorar, minimización de labores agrícolas para mantener la estructura del suelo, mantenimiento de la biodiversidad dejando crecer la vegetación espontánea para que sirva como reservorio de la flora y fauna auxiliar, uso de tratamientos preventivos con azufre, cobre y Bacillus Thuringiensis contra la aparición de posibles plagas y enfermedades, utilización de levaduras autóctonas, sustitución de procesos químicos por procesos físicos menos agresivos con el vino, minimización del uso de conservantes disminuyendo al máximo la adición de sulfuroso y trazabilidad y control de todos los vinos ecológicos elaborados.
La bodega elabora un total de 13 vinos, englobados en tres gamas, de los cuales hemos podido probar tres.
Vermador Blanco 2014 (DO Alicante, blanco joven, Airén y Macabeo) se elabora tras maceración pelicular a muy baja temperatura, sangrado por gravedad y fermentación durante 30 días a temperatura controlada. Es un vino de color amarillo pajizo pálido, con reflejos verdosos y algún dorado. Aromas de intensidad media, donde destacan la piel de uva, la manzana y el hinojo, y paso por boca ligero, con una acidez correcta y un punto amargoso al final. Un vino sencillo y ligero, que se bebe bien.
Vermador Rosado 2014 (DO Alicante, rosado 100% Monastrell) se elabora tras maceración en frío durante unas 10 horas, y fermentación de varias semanas a unos 16ºC de temperatura. Tiene un bonito color rojo frambuesa, y despliega en nariz aromas de frambuesa, grosellas, recuerdos de cerezas y toques herbáceos, lejos de los rosados gominola tan frecuentes. En boca es seco, amargoso, frutal y con una acidez correcta. Un rosado que se deja beber, aunque creo que ya había pasado el momento de su mayor disfrute.
El vino top de la bodega se elabora con uvas procedentes de una selección de viñedos en secano con más de cuarenta años de edad con rendimientos por cepa muy bajos. Fermentación controlada en depósitos de acero inoxidable a 28 - 30ºC con constantes remontados y prolongada maceración postfermentativa para pasar a una crianza de 9 meses en barricas nuevas y aun adecuado período de reposo en botella antes de salir al mercado. Pontos 1932 2009 (DO Alicante, tinto con crianza 100% Monastrell) es un vino de color rojo granate en cuyo ribete asoman los tejas. Nariz de intensidad media y cierta complejidad, con fruta negra madura, higos pasos, flores secas, grafito y caramelo. En boca reveló buena acidez, recuerdos bien conjuntados de fruta y madera, cierta potencia, un tanino presente que se mostraba elegante, y un buen final. Un vino muy rico, que gustó mucho en la mesa.
Un inesperado y agradable regalo este trío de vinos locales, de los que destacaría sin duda el Pontos 1932, que podría estar a la altura en cualquier buena mesa con productos de su tierra de origen, como unos buenos embutidos, gachasmigas y arroz de conejo y caracoles.

martes, 14 de febrero de 2017

Por la Bodega del Aldi

Supongo que resultará llamativo que después de dos entradas del blog hablando de vinos del nivel de los anteriores, comente ahora vinos adquiridos en el lineal de un supermercado. Pero aunque no suelo comprar el vino en grandes superficies, sí que de vez en cuando me pica la curiosidad y pruebo vinos, sobre todo internacionales, de los que traen las cadenas de supermercados y ponen a nuestra disposición a precios a veces sospechosamente baratos.
En este caso traigo para compartir con los lectores de este humilde blog cinco vinos adquiridos en la cadena alemana Aldi, de distintos orígenes y variedades, y de los que no me pidáis datos sobre productores, elaboración y demás, ya que estos suelen ser vinos elaborados para esta cadena, y no suelen aparecer en los portfolios de las bodegas.
Empezamos con un blanco, Jean Giner Chardonnay 2015 (IGP Vin Du Pays D'oc, blanco con crianza 100% Chardonnay, Jean Giner), un vino de color amarillo alimonado con algún destello oro pálido; nariz de intensidad media, con cítricos, ahumados, hinojo y flores blancas; en boca tiene buena acidez, con un tenue amargor y es algo graso; nada del otro mundo, pero no está mal.
Otro blanco, en este caso del Nuevo Mundo, fue el Neuseeland Sauvignon Blanc 2015 (Marlborough, Nueva Zelanda, blanco joven 100% Sauvignon Blanc), de color amarillo pálido con reflejos verdosos, mostró aromas comedidos de ciruela claudia, manzana y puntas herbáceas, y en boca es fluido, frutal, con una acidez correcta; lejos de un Sauvignon Blanc serio, pero agradable de beber.
De Alemania viene un tinto, el Dornfelder Trocken Barrique 2014 (Pfalz, tinto con crianza 100% Dornfelder), vestido de color rojo granate con ribete granatoso de capa media alta, con una intensidad aromática media donde aparecían fruta roja ácida, hierbas de monte y tenues recuerdos de la madera de la crianza, y que en boca es fluido, de buena acidez, frutal y fresco. Un vino sencillo, que me sorprendió y me ha gustado.
Seguimos viaje hasta Australia con el Southern Creek Prestige 2015 (SouthEastern Australia, tinto con crianza 100% Shiraz), vino de color rojo rubí de capa baja con ribete rubídeo; aromas de fruta roja, florales, pimienta negra y balsámicos, siendo el conjunto de intensidad media; paso por boca fluido, de buena acidez y con un tanino ligero; en general mejor nariz que boca.
Terminamos de vuelta en la vieja Europa, con un tinto Italiano, el Rubinaia Grande Amoroso 2013 (IGT Puglia, tinto con crianza, Negroamaro y Sangiovese) de color rojo rubí con ribete rubídeo; nariz de poca intensidad, con fruta confitada, lácticos y aromas terrosos; en boca tiene cierto peso, con una acidez justa, algo goloso, no tiene mal sabor, pero llega a cansar.

Cinco vinos de menos de 5 euros, algunos fáciles y agradables de beber, pero que no considero que sea necesario repetir.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Vinos del Grupo Marqués de Murrieta

El pasado día 30 de Noviembre tuvimos la oportunidad de asistir a una de las mejores catas a las que he ido últimamente. Organizada por la Asociación de Sumilleres y Enófilos de la Ciudad de Alicante tuvo lugar en Bodega Selección una cata de algunos de los mejores vinos del grupo Marqués de Murrieta, incluido el recientemente bendecido Castillo Ygay Blanco 1986, al que Luis Gutiérrez otorgó 100 puntos para la publicación de Robert Parker.
La cata estuvo dirigida y comentada por Antonio Barrios, director comercial de Marqués de Murrieta, quien nos transmitió la historia del grupo y su filosofía en cuanto a viticultura y elaboración. Antonio tiene una buena capacidad de conectar con los asistentes, lo que nos permitió debatir sobre temas como los negativos derroteros de las dos principales DO de vinos blancos de España (Rueda y Rías Baixas) o sobre eso que se ha dado en llamar "vinos de autor" o "vinos de alta expresión", que para mí significa: "vamos a coger uvas casi sobremaduras, hacer fuertes extracciones, largas maceraciones y crianzas en madera nueva... y a echarles un chorrito de Cabernet Sauvignon. ¡Voilà, un vino moderno!".
El Castillo de Ygay fue construido por Don Luciano de Murrieta a mediados del siglo XIX, siguiendo el modelo de los Châteaux bordeleses, y allí se empezó a elaborar el primer vino fino de Rioja, Marqués de Murrieta, en 1852, aplicando técnicas bordelesas de elaboración y crianza. La finca Ygay, origen de los vinos riojanos del grupo, tiene unas 300 Ha de viñedo rodeando el castillo, plantado con  Tempranillo, Garnacha, Mazuelo, Graciano, Cabernet Sauvignon y Viura, lo que permite a la bodega un control total de la viticultura, que actualmente es integrada, buscando el máximo respeto por el terruño y con la mínima utilización de tratamientos sistémicos químicos, utilizándose por ejemplo la confusión sexual para el control de plagas. El Pazo de Barrantes está situado en el Valle del Salnés, y es propiedad de la familia del Conde de Creixell desde 1511. La finca cuenta actualmente con 13 Ha de viñedo rodeando el pazo, plantadas en su totalidad con Albariño, y elabora entre 180000 y 200000 botellas.
En 1983, la familia Cebrián, propietaria de Pazo de Barrantes, adquiere la bodega riojana, y nace el grupo Marqués de Murrieta, que elabora actualmente tres tintos, tres blancos y un esquivo rosado de baja producción, además de la nueva estrella Ygay Blanco, que se ha elaborado sólo unas 11 veces en los más de 100 años de historia de la bodega riojana. Para esta cata, Antonio nos presentó 5 vinos, intentando reflejar todo el abanico de estilos que elabora el grupo.
Empezamos con Pazo de Barrantes 2015 (DO Rías Baixas, blanco con reposo con sus lías, 100% Albariño, Pazo de Barrantes). Vendimia manual en cajas de 18 Kg, despalillado, prensado suave y lento, fermentación en inox con temperatura controlada a 10ºC durante 30 días y reposo con sus lías finas durante 3 meses, para ser embotellado tras un suave filtrado. El resultado es un vino de color amarillo pajizo pálido con reflejos color oro claro, muy bonito y brillante, mostrando cierta densidad al agitar la copa. En nariz revela inicialmente piel de manzana reineta, que va dando paso a pera madura, ciruela claudia y albaricoques, y que con tiempo en copa empieza a mostrar el carácter de las lías y a dejar entrever aromas cítricos. En boca es un vino graso, amargoso, frutal, con una acidez viva, que en el postgusto deja largos recuerdos de pera y manzana. Un albariño de corte comercial, pero serio, bien elaborado y muy gastronómico, y que aún necesita al menos un año de botella.
En el orden de cata propuesto por Antonio siguió un tinto, Marqués de Murrieta Reserva 2011 (DOCa Rioja, tinto con crianza, 89% Tempranillo, 5% Mazuelo, 4% Graciano, 2% Garnacha; Marqués de Murrieta). El vino emblema de la bodega, elaborado tras vendimia manual, despalillado y estrujado, fermentación por separado de cada variedad en inox y con control de temperatura con un encubado de 8 días durante el que se realizan remontados y bazuqueos; prensado suave tras el descube y crianza de 20 meses en barrica de roble americano, siendo al menos 8 meses en barricas nuevas; tras el embotellado, mínimo de 12 meses de crianza antes de salir al mercado. Tenemos un vino de color picota de buena capa, brillante y limpio, con un ribete donde aún asoma el violeta. Aromas de buena intensidad, destacando a copa parada los tostados y las maderas finas, que van dando paso poco a poco a la fruta negra muy madura, café torrefacto, regaliz y balsámicos; tras una buena aireación se va conjuntando y haciendo más elegante. En boca tiene un ataque marcado por la madera, con una buena acidez y un final aún secante, dejando por vía retronasal recuerdos tostados y de fruta madura. Es un vino aún muy joven, que necesita tiempo de botella y mucha aireación para mostrar todos sus detalles. Un buen vino, algo alejado del carácter más clásico de añadas como 2005 y 2006, y que sigue la línea marcada a partir de la añada 2007. Creo que puede evolucionar muy bien.
Pasamos a catar otro blanco nacido en La Rioja, Capellanía 2011 (DOCa Rioja, blanco con crianza, 100% Viura, Marqués de Murrieta). Se elabora con frutos procedentes de la finca Ygay, en una parcela situada a 485 metros de altitud. Vendimia manual, estrujado y prensado, fermentación en inox a 10ºC y crianza de 15 meses en barricas de roble francés nuevo. Viste de color amarillo dorado pálido, muy bonito y brillante. La nariz es fresca, rica en fruta de hueso, fruta blanca muy madura y notas ahumadas. El paso por boca es fresco, algo graso, mínimamente secante y con un final muy agradable. Me pareció un gran Capellanía, menos complejo y menos marcado por la crianza que añadas anteriores como 2005 y 2006. Un cambio de estilo que comenté con Antonio, y con el que estuvo de acuerdo, aclarándome que se debe sobre todo a un cambio de barricas. Creo que es un paso hacia un estilo más comercial, que indudablemente abre el abanico de potenciales consumidores, quizá a cambio de perder algo de la personalidad que tenía. De nuevo, un vino muy de comer.
El siguiente vino es el resultado del interés del grupo en elaborar un vino de corte más moderno, más en la línea de los anteriormente mencionados "vinos de autor". Con frutos procedentes del pago Canajas, viñedos centenarios de la Finca Ygay plantados en suelos arcillo-calcáreos a 465 metros de altitud, y tras aclareo de racimos que limita la producción a 1 Kg por planta y con estricta selección, se elabora Dalmau 2012 (DOCa Rioja, tinto con crianza, 70% Tempranillo, 155 Cabernet Sauvignon, 15% Graciano; Marqués de Murrieta). De nuevo vendimia manual, fermentación de cada variedad por separado durante 11 días, el Tempranillo en depósitos pequeños de acero y el Graciano y el Cabernet en pequeños tinos de roble, y crianza de 19 meses en barricas nuevas de roble francés Allier. Con estos mimbres se teje un vino de color picota muy cubierto e intenso, con bonito ribete rubí. Nariz intensa, con aromas de madera de cedro, pimienta negra, fruta más roja que negra, incienso y recuerdos de cantos rodados. En boca es seco, con una acidez muy viva, tanino potente, buena presencia de fruta en retronasal, denso e intenso, con un final elegante. Muy bonita evolución en copa hacia aromas de toffee y café con leche. Un vino de calidad, con mucha presencia, potente, que creo que maridaría muy bien con caza de pelo y con chocolate con sal, y que con años de botella puede evolucionar hacia una complejidad muy interesante.
Terminamos la sesión con la vedette principal de la noche, el vino que todos queríamos probar, al que acababan de premiar con esos 100 puntos, lo que lo ha puesto en boca de todos, y que ha hecho que su precio sea inalcanzable para la mayoría de los mortales. Las uvas proceden del pago Capellanía, situado en la finca Ygay, a unos 485 metros de altitud. La vendimia tuvo lugar en los primeros días de Octubre y fue lenta y progresiva, buscando siempre la óptima madurez de la uva, que mostraba para la Viura una elevada acidez y una graduación potencial de 13,5º. Los racimos enteros fueron estrujados y posteriormente prensados en prensa vertical de doble husillo, para posteriormente fermentar en tinos de roble americano. Reposó guardado en las profundidades de la bodega durante 252 meses en barricas de roble americano, y posteriormente durante 67 meses en depósitos de hormigón, para ser embotellado finalmente en Enero de 2014. Se elaboraron sólo 8125 botellas de Castillo Ygay Blanco 1986 (DOCa Rioja, blanco con crianza, 97% Viura, 2% Malvasía; Marqués de Murrieta). Este vino, ya de leyenda, tiene un color amarillo alimonado intenso muy bonito, con preciosos reflejos color oro; ya te conquista por la vista. Al acercar la copa a la nariz sin agitación previa, aromas yodados y tostados que se despliegan con elegancia; tras agitar van apareciendo amielados, flores secas, avellanas, frutas blancas, y tras ir evolucionando en copa, especiados. Al probar el vino, la sorpresa en forma de acidez tremendamente viva y cítrica, inesperada para mí en un vino sometido a esta crianza; despliegue de frutas, grasa, densidad; llena completamente la boca y se queda durante mucho mucho tiempo, dejando aparecer incluso al final algunos anisados. Yo no sé de puntuaciones, ni sé lo que es un vino perfecto, pero sí sé que este Castillo Ygay Blanco 1986 es una maravilla de vino, espectacular, que necesita años de botella para desplegar todo el potencial que tiene, que creo que puede evolucionar hacia una deliciosa aparición de miel, orejones y demás. Sencillamente impresionante.
Una gran sesión de cata, en la que disfrutamos de muy buenos vinos, muchos de ellos aún en pañales y necesitados de tiempo de botella, y de un vino de quitarse el sombrero, que me gustaría poder volver a probar dentro de unos 10 años. Gracias a Antonio Barrios por dirigir la cata y hacerla instructiva, entretenida y favorecer un dialogo enriquecedor.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Mi Cumpleaños y mi Burdeos Cru Classé

Como ya viene siendo una tradición personal desde hace algún tiempo, celebro mi cumpleaños dándome un homenaje con un cru classé bordelés. En esta ocasión el elegido vino desde Pauillac.
Pauillac es una comuna francesa del departamento de la Gironda, entre los pueblos de Saint-Julien al sur y Saint-Estèphe al norte. La superficie total de la región es de unos 22 Km2, de los cuales 12 corresponden a viñedo. En esta superficie se elaboran hasta 18 cru classés, incluidos 3 de los 5 premier grand cru classés de 1855. Los vinos de Pauillac son potentes y elegantes, con una expresión compleja y especiada, que necesita varios años para expresarse en plenitud.
En 1689, Pierre Desmezures de Rauzan compra algunos viñedos cerca de Château Latour para crear Enclos Rauzan. Estos viñedos forman parte de la dote de su hija Thérèse cuando contrae matrimonio con el Baron Jacques Pichon Longueville en 1694, año en el que se funda la bodega Pichon Longueville. En 1850 la propiedad es dividida en dos partes, el Baron Raoul Pichon de Longueville crea con la suya la bodega Pichon Baron, mientras que sus tres hermanas, con la parte que les corresponde, crean Pichon Comtesse. En 1851 en Baron Raoul inicia la construcción del château de estilo renacentista que es ahora el Château Baron de Pichon Longueville. En 1987, la bodega es adquirida por el grupo AXA Millésimes que se embarca en un proceso de renovación y modernización de las instalaciones.
La bodega Pichon Baron posee actualmente 73 Ha de viñedo plantado en suelos de grava, pobres en nutrientes y en agua, que hacen que los frutos de los viñedos tengan producciones bajas pero de gran calidad. Las castas se reparten entre 62% Cabernet Sauvignon, 33% Merlot, 3% Cabernet Franc y 2% Petit Verdot, y los viñedos han sido meticulosamente divididos en parcelas separadas. La edad media de las cepas es de 30 años, con una densidad de plantación de 9000 cepas por Ha. La vendimia es totalmente manual en cestas, para proteger al máxio la calidad del fruto, y se hace una selección estricta de las uvas, sobre todo para el Grand Vin, Château Pichon Baron.
El vino que disfrutamos este año, pues, fue el Château Baron de Pichon Longueville 2007 (AOC Pauillac, deuxième cru classé, tinto con crianza, Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc; Château Pichon Longueville). Elaborado tras despalillado, maceraron en frío y fermentación entre 25-27ºC durante 14-15 días, con crianza de unos 20 meses en barricas nuevas (80%) y de un vino (20%). El resultado es un vino de color rojo granate, algo apagado, con ribete granatoso. Despliega aromas intensos y elegantes, con madera de cedro en primer lugar y a copa parada, para ir apareciendo luego la tinta china, mina de lápiz, grosellas, arándanos, incienso... En boca tiene muy buena acidez, es sedoso, elegante, quizá un punto mineral, con un tanino muy fino y pulido y un gran final de muy buena duración. Me ha parecido un gran vino, a pesar de ser una añada menor en Burdeos, y que está en un momento fantástico para beber, aunque puede estar en la vinoteca aún bastantes años.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Presentación de Champagne Billecart-Salmon

Billecart-Salmon es una maison de Champagne fundada en 1818 por el matrimonio Nicolas François Billecart y Elisabeth Salmon. A pesar de su volumen de producción y su larga historia de cerca de 200 años, sigue estando en manos de una sola familia, que va ya por la sexta generación.
Con la bodega situada en Mareuil-sur-Aÿ, cultivan hasta un total de 100 Ha y controlan un total de 200 Ha de viñedo repartido en 40 crus en Epernay, Montagne de Reims, el Vallée de la Marne y la Côte des Blancs. Poseen además un histórico viñedo de apenas 1 Ha, el  Clos Saint-Hilaire, herencia de la familia en el que se han recuperado métodos ancestrales de viticultura, y del que procede una de sus cuvées más prestigiosas. Con el fruto procedente de estos viñedos se elaboran unos dos millones de botellas de un total de 11 cuvées. La elaboración para los champagnes non vintage incluye fermentación en inox con control de temperatura, mezcla de vinos de tres añadas y largas crianzas en rima, aunque se empiezan a incorporar vinos base con fermentación y/o crianza en barrica, como se hace para los cuvées vintage.
En la presentación de ayer, pudimos catar y degustar tres champagnes de la gama Collection, los non vintage de la casa.
Empezamos con el Billecart-Salmon Brut Réserve (AOC Champagne; Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier en proporciones similares) tiene no menos de 36 meses de crianza en rima. Es un vino de color amarillo pálido con reflejos verdosos, con una burbuja muy fina y continua. En nariz, aromas de avellana, brioche, flores blancas y destellos cítricos. El paso por boca es seco, cremoso, con el carbónico marcado pero para nada molesto, con notas tostadas y un tenue amargor combinado con recuerdos cítricos. Me pareció un champagne muy gastronómico.
El Billecart-Salmon Blanc de Blancs Grand Cru (AOC Champagne, 100% Chardonnay) se elabora con uvas procedentes de viñedos Grand Cru de Avize, Chouilly, Cramant, Mesnil-sur-Oger y Oger; es una mezcla de vinos de sólo dos añadas y tiene una crianza en rima de al menos 48 meses. Tiene un color amarillo pálido muy brillante de reflejos acerados, con una burbuja fina y elegante. La nariz no es demasiado compleja, muy cítrica, con puntas tostadas y de fruta blanca. En boca tiene una muy buena acidez, siendo tremendamente cítrico, con un carbónico muy integrado y un final muy agradable que invita a otra copa. Un champagne menos complejo que el anterior, pero de calidad. Me pareció un buen vino de aperitivo que quizá gane complejidad con un tiempo en botella.
Terminamos con el que posiblemente sea el más conocido de los champagnes de esta casa, el Billecart-Salmon Brut Rosé (AOC Champagne; 40% Chardonnay, 40% Pinot Meunier y 20% Pinot Noir que se vinifica en tinto; mínimo 48 meses de crianza en rima). Es de un precioso color asalmonado pálido, muy provenzal, con reflejos cobrizos, y con una burbuja más abundante que sus compañeros de cata. La nariz viene marcada por las frutas rojas ácidas, con tostados tenues y recuerdos de campo. En boca es muy frutal y seco, algo amargoso, con cierto peso, carbónico elegante y final largo y agradable. En ocasiones parecía que asomaba un vino tinto tranquilo ligero. Muy buen champagne, capaz de enfrentarse a un menú completo.
Estos tres champagnes básicos de Billecart-Salmon me parecen vinos de calidad, disfrutables como copa de aperitivo, acompañamiento para una tarde tranquila o para enfrentarlos a una comida completa. El rosado es un vino que repetiría, pero en general no son mi estilo preferido de champagne.