martes, 25 de noviembre de 2014

Póker de Vinos Navarros

Los primeros registros documentales del cultivo de la vid y la elaboración de vino en Navarra datan de la época romana, y su importancia se mantuvo durante la dominación árabe. En los siglos XIV y XV Navarra era una importante elaboradora y exportadora de vino, alcanzando su máximo auge en el XIX, aunque luego la filoxera destruyó más de 48000 de las 50000 Ha de cultivo.
La DO Navarra se constituyó en 1932 y publicó su primer reglamento en 1967. En la actualidad la superficie de cultivo de la DO es de 11500 Ha repartidas en cinco zonas de producción: Valdizarbe, Tierra Estella, Ribera Alta, Baja Montaña y Ribera Baja. Los suelos son en su mayoría calizos y con poca arcilla, con una altitud entre 250 y 560 metros sobre el nivel del mar.
Por algún motivo que no soy capaz de precisar, yo asociaba los vinos navarros con vinos de elevada acidez, algo ásperos y difíciles, salvo claro está los famosos dulces y rosados elaborados en esta región y que tan conocidos son. Pero tras ponerme en contacto con Jesús Ramón López (La Guarda de Navarra), un distribuidor apasionado de los vinos de su tierra, pude probar una interesante selección de vinos preparada por él, y que me ha servido para hacerme una visión algo más global de lo que actualmente se está haciendo en la DO Navarra.
El primero de los vinos que probé es un niño mimado del amigo Jesús. Gallico Crianza 2010 (DO Navarra, tinto con crianza 50% Merlot, 45% Tempranillo y 5% Syrah-Cabernet; Bodegas Gallico) es un vino de color apicotado con ribete granatoso. Nariz alegre, franca, con frutos rojos maduros, matorral, alguna nota láctica y animal. En boca tiene una acidez fresca, un paso muy agradable, un tanino muy pulido y un sabor muy rico. Sin duda un vino alegre y de los de disfrutar.
Otro de los vinos que vinieron a casa de mano de Jesús fue el Blaneo Syrah 2011 (DO Navarra, tinto con crianza 100% Syrah, Pagos de Araiz). Es un vino que la bodega elabora cada año con el varietal que consideren el más adecuado para refleje el espíritu de la bodega en su vino más emblemático. Viste de color cereza con bonitos reflejos violáceos. La nariz es intensamente especiada, con notas balsámicas, frutas rojas y aromas como de ceniza. En boca es algo goloso, frutal, con un tanino muy dulce. Muy rico, me gustó, aunque eché de menos algo más de acidez.
Y si algo de acidez eché de menos en el Blaneo, todo lo contrario en el Mácula 2006 (DO Navarra, tinto con crianza, 60% Merlot y 40% Cabernet Sauvignon, Bodegas Tándem). De color rubí granatoso muy bonito, reveló una nariz licorosa, balsámica, con fruta negra, tabaco y fondo espaciado, buena complejidad. En boca le noté una acidez algo subida; frutal y de cuerpo medio, tiene un tanino dulce que deja un final muy agradable. Me gustó, pero esa acidez desentonaba un poco.
El último de este cuarteto de vinos navarros me había creado muchas expectativas por todo lo bueno que había leído sobre él de la mano de Joan Gómez o Jorge Sibaritastur. Y estas expectativas se vieron superadas con creces. El Terroir 2009 (DO Navarra, tinto con crianza 100% Garnacha, Domaines Lupier) es un vino de color rubídeo granatoso de capa media baja. La nariz es sencillamente espectacular, continuamente cambiante, dejando salir lavanda, cuero, caramelo de violeta, frutas del bosque, hierbas aromáticas, tierra mojada, incluso algo que me recordó al cacahuete; impresionante. En boca es fresco, frutal, con una acidez alegre, con un punto rústico que me encanta y un tanino presente que deja un final agradablemente secante. Un vino con mayúsculas, sin ninguna duda. Fantástico.
Cuatro buenos vinos cuatro, cuyo disfrute debo agradecer de nuevo a Jesús, con un Gallico alegre y pizpireto, un Blaneo y un Mácula interesantes y un espectacular El Terroir, del que pienso hacerme con alguna botella más, así como de su hermano La Dama, y conocer un poco más esta bodega.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Estrenándome con los Blancos Secos de Burdeos

Burdeos es una región vinícola famosa sobre todo por sus vinos tintos a base de Cabernet Sauvignon y Merlot, y por sus blancos dulces elaborados en las zonas de Sauternes y Barsac basados en la Sémillon afectada por la podredumbre noble. Pero también se elaboran en Burdeos vinos blancos secos, sobre todo con Sauvignon Blanc, con aportes de Sémillon y Muscadelle.
Clarence Dillon adquiere Château Haut-Brion en 1935 y establece lo que será el Domaine Clarence Dillon. En 1983 adquieren el Château La Mission Haut-Brion y sus crus asociados, los Châteaux Laville Haut-Brion y Laville Haut-Brion. En 2002, el príncipe Roberto de Luxemburgo, bisnieto de Clarence Dillon, es nombrado director general de la sociedad, y en 2005 toma la iniciativa de crear la marca de vinos premium de Burdeos Clarendelle. Actualmente Clarence Dillon Wines, aparte de los famosos Château Haut-Brion y Château La Mission Haut-Brion, disponen de una amplia gama de vinos grand cru de Pessac-Léognan, Médoc, Pomerol y Saint-Émilion.
La gama Clarendelle nace con la intención de poner a disposición del público una serie de vinos de marca manteniendo la filosofía y las ideas de calidad de sus famosísimos compañeros de empresa. Los vinos son elaborados por el personal de Clarence Dillon Wines conjuntamente con el equipo de los Châteaux Haut-Brion y La Mission Haut-Brion. Actualmente se distribuyen en unos 30 países, y a diferencia de la mayoría de vinos bordoleses, salen a la venta “cuando están listos para beber”. El catálogo de la marca Clarendelle consta de cuatro vinos, Clarendelle Rouge, Clarendelle Blanc, Clarendelle Rosé y el blanco dulce Clarendelle Amberwine.
El vino que probé el otro día, fruto de una reciente adquisición, fue el Clarendelle Blanc. Se elabora principalmente con Sémillon y Sauvignon Blanc, con pequeños aportes de Muscadelle en algunas añadas. Clarendelle Blanc 2012 (AOC Bordeaux, blanco con crianza con sus lías; 71% Sémillon, 24% Sauvignon Blanc, 5% Muscadelle; Clarende Dillon Wines) es un vino de un bonito color amarillo pajizo claro con reflejos oro pálido. Tiene una nariz elegante, de intensidad media, con jazmín, fruta tropical y de hueso y algún recuerdo de ciruela claudia. En boca tiene una buena acidez con un punto de dulzor que no me esperaba encontrar, es muy frutal y con un agradable amargor final. Un vino rico, dulzón, elegante aunque no muy complejo. Yo lo bebí con pescado, pero creo que iría muy bien con algo de foie o incluso queso azul no muy intenso. A ver qué tal evolucionan las dos botellas que me quedan, aunque no creo que merezca la pena dejarlas mucho tiempo olvidadas en la vinoteca.