domingo, 31 de octubre de 2010

Más Libros

Hace algún tiempo comentaba aquí los libros de temática vitivinícola que tenía. Hace poco me he hecho al fin con dos libros que me apetecía mucho tener.
Descubrir el Gusto del Vino, de Émile Peynaud y Jacques Blouin, es una adaptación de su gran obra El Gusto del Vino, en la que los autores "nos invitan a un fascinante descubrimiento de los misterios del vino y al arte de la degustación". La edición española corre a cargo de María Isabel Mijares y José Antonio Sáez Illobre, y lo poco que he leído hasta ahora, resulta muy interesante y enriquecedor, aportándome muchos conocimientos sobre el arte y ciencia de la cata.
Enología Práctica. Conocimiento y Elaboración del Vino, también de Jacques Blouin y Émile Peynaud, describe las operaciones fundamentales comunes a todos los vinos desde la recolección al embotellado. Es un manual práctico de enología dirigido a profesionales, a la vez que un manual de aprendizaje para estudiantes. Sólo lo he ojeado por encima, pero la cantidad de información creo que puede llegar a ser abrumadora para un simple aficionado.
Para completar la remesa de libros, mi chica me ha regalado por nuestro aniversario, otros dos a los que llevaba un tiempo dándoles vueltas.
El Vino, Atlas Mundial, de Hugh Johnson y Jancis Robinson ha sido aclamado como una obra de referencia esencial y uno de los libros sobre vino más documentados, valorados y sencillos de usar. Hojeado sólo por encima, me parece bien estructurado y con magnífica iconografía. Quizá dedica poco espacio a los vinos españoles, y se complementará muy bien con el otro atlas que tengo, el de Susaeta, que aporta mucha información sobre las características de los vinos de cada región.
Para terminar, la Historia del Vino, de José Peñín. Un libro de más de 500 páginas con gran intención divulgativa, que dedica una extensa parte a la historia del vino en España.
En fin, creo que, de momento, la sección vitivinícola de mi biblioteca está bastante surtida, y que tengo material de lectura y estudio para un tiempo. Si a esto le añadimos que, ayer mismo, en una feria de vinos de una gran superficie, me hice con un par de varietales de Malbec argentinos y dos vinos chilenos, el tema vino ha dado para mucho estos días.

sábado, 23 de octubre de 2010

Juan Gil

Ya desde la época de la romanización hispánica, se cultivaba la vid en el territorio de lo que hoy es la DO Jumilla, si bien es cierto que sólo en épocas bastante más recientes, la calidad de sus vinos ha ido mejorando hasta situarse a la altura que actualmente todos conocemos.
Vinos típicamente mediterráneos, elaborados con la Monastrell como base, casi siempre intensos, golosos, con buena tanicidad y a veces algo justos de acidez, acompañan de maravilla platos de la cocina mediterránea como arroces o pucheros, guisos, setas o quesos curados.
Después de haber visto este vino en varias cartas y webs, el otro día decidimos pedirlo para acompañar un Arròs al Forn en el restaurante El Racó del Pla. Se trata del Juan Gil Monastrell 12 Meses 2008 (DO Jumilla, tinto con crianza 100% Monastrell, Bodegas Juan Gil). Un vino elaborado a partir de viñedos de más de 40 años ubicados en suelos calizos poco profundos, con clima muy seco, lo cual hace que la productividad sea baja. Después del despalillado, el vino macera durante 25 días en tanques de acero inoxidable, para luego pasar a hacer la maloláctica en barricas de roble francés, donde permanece criándose durante 12 meses.
Este proceso de elaboración da origen a un vino de bonito color picota brillante y limpio con ribetes rubí. Nariz de buena intensidad, compleja, donde se identificaban fruta negra muy madura, como confitada, ahumados, toffee y notas de cacao. En boca tiene un buen cuerpo, algo goloso pero con acidez presente, con un tanino marcado pero dulce y muy bien integrado, y donde los 14,5º se notan, pero no pesan en absoluto. El resumen es un vino agradable y complejo, fácil de beber, que pide otra copa, y que acompañó de lujo a ese arroz.

sábado, 9 de octubre de 2010

A Torna dos Pasás

Hay gente empeñada en dar un giro radical a los vinos elaborados en Galicia. O al menos dispuesta a seguir sus ideas y convicciones más allá de modas, ventas, recomendaciones económicas y demás. Eso es lo que puede uno pensar cuando lee que alguien como el colleiteiro Luis Anxo Rodríguez Vázquez, actualmente presidente de la DO Ribeiro, decide no sacar al mercado el año que viene sus dos vinos de gama más alta, y de escasísima producción, porque "quiere que pasen dos años en botella en vez de uno". En fin.
Hay vinos con los que su elaborador intenta expresar algo. Reflejar su terruño, dejar hablar a castas autóctonas y, al menos antaño, en peligro de desaparecer, o dejarnos ver su forma de hacer las cosas.
Para este vino, Luis Anxo utiliza un coupage de 4 castas autóctonas gallegas. Brancellao, de alta resistencia y baja productividad, que da origen a vinos varietales estructurados y de calidad. Ferrol, de aromas intensos y penetrantes, que produce vinos ácidos y de poca graduación. Caíño Longo, de maduración tardía, da origen a vinos intensos y frutales. Y Caíño Redondo, uva rústica de alta productividad, que se complementa bien con otras variedades.
Con estos mimbres, se teje un vino del que se elaboraron 4000 botellas numeradas y 100 magnum. Fermentado y macerado en depósitos de acero inoxidable con temperatura controlada, y criado en barricas de roble francés y americano de segundo uso. Ni filtrado ni sometido a frío. Es A Torna dos Pasás 2008 (DO Ribeiro, tinto con crianza; Brancellao, Ferrol, Caiño Longo y Caiño Redondo; Luis A. Rodríguez Vázquez): precioso color cereza con ribetes amoratados. A copa parada, gran  expresividad de fruta roja y negra, que tras agitar la copa se acompaña de un fino especiado, recuerdos balsámicos y minerales muy suaves. En boca tiene una acidez viva, con un paso fresco y frutal, nuevamente una muy leve mineralidad, y un suave tanino (algo verde?) al final. Alegre, fresco, vivo y expresivo, que te pone una sonrisa en los labios.
Este vino, como el Finca Teira de Manuel Formigo, los Patio de Samuel Cano, Las Tabaneras y otros, son vinos que me hablan, que me dicen algo que no siempre se expresar y transmitir más allá de una serie de sensaciones organolépticas, pero que nunca me dejan indiferente.

domingo, 3 de octubre de 2010

Divertimento aromático

Cuando alguien no aficionado al vino lee una ficha de cata ("aromas intensos a moras con notas de pimienta, eucalipto y pino"), normalmente arquea las cejas y piensa "anda ya, como va oler el vino a todo eso. El vino huele a vino".
Este sábado, en nuestra tradicional comida periódica, se me ocurrió proponer el juego de identificar aromas en los vinos. Para intentar asegurarme el éxito, tenía que elegir vinos de buena carga aromática y con olores claramente reconocibles. El tinto lo tenía claro, un maceración carbónica de Tempranillo, y para el blanco decidí llevar un vino de una de las castas más aromáticas con diferencia, Gewürztraminer. Así, nos plantamos en la comida con estos dos vinos:
- Viñas del vero Gewürztraminer 2008 (DO Somontano, blanco joven 100% Gewürztraminer, Viñas del Vero): amarillo pálido con reflejos acerados y verdosos. Nariz de buena intensidad, con manzana ácida en primer plano, notas especiadas y un fondo delicado de flores blancas y pétalos de rosa. En boca se mostró agradable, algo justo de acidez, muy levente untuoso y bastante frutal. Gustó bastante en la mesa, pero me defraudó un poco su menor expresividad aromática en comparación con los otros Gewürz que he probado.
 - Albiker 2009 (DOCa Rioja, tinto maceración carbónica, 95% Tempranillo, 5% Viura; Altún): precioso color cereza madura con ribetes violáceos. Buena intensidad aromática, con frambuesas en primer plano, que dan paso luego a las típicas notas de golosinas y nata. En boca, muy fresco, suave y agradable, con un retronasal frutal muy rico. Un fantástico maceración carbónica.
El juego flaqueó un poco con el Gewürz, ya que me esperaba que pudiese identificarse más claramente ese olor a pétalo de rosas que nos hace pensar en polvos de tocador y en la colonia de la abuela. Con el Albiker no hubo fallo, la frambuesa se reconoció al instante por al menos una persona, y al cabo de un rato, casi todos tenían en mente el olor a piruleta de fresa y nata o gominolas.
Me ha parecido una forma divertida de animar aún más una comida con amigos, ya de por sí entretenida, y de acercarles un poco más al fantástico mundo del vino.