sábado, 13 de mayo de 2017

Primer Resumen de Burdeos 2010

La añada 2010 fue otra de esas añadas míticas en Burdeos (y ya van no sé cuántas añadas del siglo), con muchos vinos obteniendo altísimas puntuaciones en las revistas de mayor prestigio en el panorama vinícola.
En su día adquirí en avanzada 12 botellas de distintas AOC bordelesas, dentro de lo que mis presupuestos me permiten, y ahora que ya he probado todos los vinos, toca hacer un primer balance.
Descorché la primera botella de Château de La Dauphine 2010 (AOC Fronsac, tinto con crianza, 90% Merlot, 10% Cabernet Franc) allá por febrero de 2014, encontrando un vino de color rubídeo granatoso, de capa media, con una nariz no muy intensa, pero si agradable, licorosa, con frutos negros maduros, algo de cueros y notas florales. En boca se mostró fresco y frutal, con buena acidez, de cuerpo medio y un tanino delicado. La segunda botella tuvo cerca de un año más de evolución, haciéndose más maduro e interesante. Un vino sin grandes complejidades pero muy disfrutable.
El siguiente en hacer su aparición fue Château Grand Village 2010 (AOC Bordeaux Supérieur (Fronsac), tinto con crianza 75% Merlot y 25% Cabernet Franc). También a principios de 2014 vestía de color rubí asomando tonos granate, aromas de fruta roja y negra muy maduras, balsámicos, especiados, notas terrosas y toques de vainilla; en boca fue frutal, buena acidez, algo austero y con un tanino marcado; era aún demasiado joven. Alrededor de un año después, el tanino se había pulido bastante, todo estaba más conjuntado y el vino se disfrutaba mucho más, pero quizás fue de los que menos me entusiasmó.
En octubre de 2014 me atreví a abrir la primera botella de Château Haut-Beauséjour 2010 (AOC Saint-Estèphe (Cru Bourgeois), tinto con crianza, 53% Merlot y 47% Cabernet Sauvignon). Esta primera botella mostró un vino de color granatoso de capa media, con nariz licorosa de fruta roja, viruta de cedro, puntas balsámicas y algo terrosa; en boca  buena acidez, cuerpo medio, agradable y algo secante; necesitaba evolucionar. La segunda botella fue bebida en septiembre de 2015, el color no había cambiado demasiado, y en nariz aparecían pimiento, pimienta, grosellas y las notas balsámicas y de maderas ya comentadas; en boca el vino había ganado en presencia, manteniendo aún una buena acidez y siendo aún algo tánico. Buena evolución, pero me gustaría tener otra botella ya que necesitaba evolucionar aún más.
Ya en marzo de 2016 nos atrevimos con el primer Cru Classé, Château Fonroque 2010 (AOC Saint-Émilion Grand Cru Classé, tinto con crianza, 88% Merlot y 12% Cabernet Franc). De un precioso color cereza con ribete granate, nos regaló aromas intensos de fruta madura, maderas finas, hojarasca y notas de cuero en vueltas con balsámicos en una nariz licorosa; en boca buena acidez, cuerpo medio, frutal y con un final secante de duración media. Me queda una segunda botella que va a reposar aún un buen tiempo.
Para terminar, hace menos de un mes volvimos al Médoc con Château de Pez 2010 (AOC Saint-Estèphe (Cru Bourgeois Exceptionnel), tinto con crianza, 52.5% Cabernet Sauvignon y 47.5% Merlot). De color rojo granatoso, algo apagado, con destellos rubí; nariz de intensidad media, con maderas, fruta roja, tinta china y pimienta, y con un paso por boca sedoso, de buena acidez, muy bien conjuntado y con un final muy agradable de buena duración. Un vino muy rico, ya muy bien para beber, pero que creo que la segunda botella que me queda puede evolucionar hacia un vino muy bueno.
No voy a hablar de la primera botella descorchada de Château Lafleur-Gazin 2010, mi primer Pomerol, ya que tenía TCA, y aunque con un truco que encontré por ahí logré eliminar un poco el pestazo a corcho y el vino en boca apunta muy buenas cosas, no se puede valorar correctamente, así que espero que la siguiente botella no tenga el mismo defecto.
Buenos vinos en general, disfrutables, que necesitan tiempo y paciencia para revelar lo que llevan dentro.

sábado, 15 de abril de 2017

La Bernardine 2009 de Chapoutier

La AOC Châteauneuf-du-Pape comprende unas 3200 Ha de viñedo situado en el sureste de Francia, en la región del Ródano meridional, y en ella se elaboran unos 110000 Hl de vino anualmente. Los viñedos están asentados sobre los famosos "galets" o guijarros de cuarcita que retienen el calor que el sol les aporta durante el día y lo van liberando poco a poco durante la noche, además de ayudar a retener la humedad del suelo. En esta AOC están permitidas hasta 13 castas de uva, siendo las tintas principales Grenache, Syrah, Mourvèdre, Cinsaut, Counoise, Terret Noir, Muscardin y Vaccarèse, y las blancas Clairette, Roussanne, Picpoul, Picardan y Bourboulenc.
Los vinos de Châteauneuf-du-Pape suelen ser vinos potentes, alcohólicos, y de color bien cubierto, y es característica la fermentación de los vinos a altas temperaturas en depósitos de hormigón, y la crianza en este mismo material.
Ya hemos hablado anteriormente aquí de otro vino de la Maison Chapoutier, por lo que no creo que sea necesario volver a entrar en detalles sobre la cantidad de Ha de viñedo que poseen o controlan, sus métodos de cultivo o elaboración, o la extensa gama de vinos que sacan al mercado.
Si el anterior vino que comenté de M. Chapoutier fue un Crozes-Hermitage, en esta ocasión le toca el turno a La Bernardine Châteauneuf-du-Pape 2009 (AOC Châteauneuf-du-Pape, tinto con crianza, Grenache, Syrah, Mourvèdre; M. Chapoutier). Elaborado fundamentalmente con Garnacha (cerca de un 80%), conjuntada con Monastrell y Syrah, las uvas, tras una meticulosa selección, fermentan durante tres semanas a altas temperaturas en depósitos de hormigón, para luego hacer una crianza de 12 a 15 meses en recipientes similares. Nos encontramos con un vino de color rubí granatoso de capa media alta, con una buena intensidad aromática de ciruelas, cerezas, fruta escarchada, violetas, y algunas notas cárnicas y de café. En boca es un vino intenso, potente y con cuerpo, con una acidez muy correcta, aún algo secante y con un final de duración media. Bebido en Abril de 2017, acompañó muy bien a unos quesos potentes.
Me parece un buen vino, serio y potente, pero no acabó de gustarme demasiado; y siendo el segundo vino de esta casa que pruebo, y sin haberme entusiasmado ninguno de los dos, igual es que el estilo de vinos que elaboran no va conmigo. He probado vinos del Ródano de las AOC Crozes Hermitage, Côtes du Rhône o Saint-Joseph de elaboradores como Auguste Clape, Pierre Gonon, Alain Graillot o Domaine de la Janasse, y he disfrutado mucho más con ellos.

sábado, 8 de abril de 2017

Trío de Vinos de La Bodega de Pinoso

La Bodega de Pinoso se constituye como cooperativa en 1932, y a principios de este siglo XXI decide empezar a vender vino embotellado bajo la marca de la cooperativa, al mismo tiempo que empieza su apuesta por la agricultura ecológica, llegando a ser en la actualidad una de las principales productoras de vinos procedentes de agricultura ecológica de la Comunitat Valenciana.
Actualmente, La Bodega de Pinoso dispone de 1700 Ha de viñedo, con una edad media de 25 años, de los cuales más de la mitad están bajo la Normativa Europea de Producción Ecológica. Estos viñedos están repartidos entre los términos municipales de Pinoso, Monóvar, Yecla y Jumilla. Más del 70% de estos viñedos están plantados con la casta autóctona Monastrell, aunque también cultivan otras variedades como Tempranillo, Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot, Garnacha Tintorera, Macabeo, Airén y Sauvignon Blanc. Los suelos son calizos y pobres en materia orgánica, con un clima de tipo continental influenciado por la cercanía del Mar Mediterráneo, caracterizado por la escasez de lluvias (300-400 mm/año) y el alto número de horas de insolación (2.500 – 3.000 horas de sol).
La viticultura y elaboración por las que apuestan en este bodega tienen una serie de características como abonado de las parcelas con estiércol proveniente de ganadería ecológica para mejorar, minimización de labores agrícolas para mantener la estructura del suelo, mantenimiento de la biodiversidad dejando crecer la vegetación espontánea para que sirva como reservorio de la flora y fauna auxiliar, uso de tratamientos preventivos con azufre, cobre y Bacillus Thuringiensis contra la aparición de posibles plagas y enfermedades, utilización de levaduras autóctonas, sustitución de procesos químicos por procesos físicos menos agresivos con el vino, minimización del uso de conservantes disminuyendo al máximo la adición de sulfuroso y trazabilidad y control de todos los vinos ecológicos elaborados.
La bodega elabora un total de 13 vinos, englobados en tres gamas, de los cuales hemos podido probar tres.
Vermador Blanco 2014 (DO Alicante, blanco joven, Airén y Macabeo) se elabora tras maceración pelicular a muy baja temperatura, sangrado por gravedad y fermentación durante 30 días a temperatura controlada. Es un vino de color amarillo pajizo pálido, con reflejos verdosos y algún dorado. Aromas de intensidad media, donde destacan la piel de uva, la manzana y el hinojo, y paso por boca ligero, con una acidez correcta y un punto amargoso al final. Un vino sencillo y ligero, que se bebe bien.
Vermador Rosado 2014 (DO Alicante, rosado 100% Monastrell) se elabora tras maceración en frío durante unas 10 horas, y fermentación de varias semanas a unos 16ºC de temperatura. Tiene un bonito color rojo frambuesa, y despliega en nariz aromas de frambuesa, grosellas, recuerdos de cerezas y toques herbáceos, lejos de los rosados gominola tan frecuentes. En boca es seco, amargoso, frutal y con una acidez correcta. Un rosado que se deja beber, aunque creo que ya había pasado el momento de su mayor disfrute.
El vino top de la bodega se elabora con uvas procedentes de una selección de viñedos en secano con más de cuarenta años de edad con rendimientos por cepa muy bajos. Fermentación controlada en depósitos de acero inoxidable a 28 - 30ºC con constantes remontados y prolongada maceración postfermentativa para pasar a una crianza de 9 meses en barricas nuevas y aun adecuado período de reposo en botella antes de salir al mercado. Pontos 1932 2009 (DO Alicante, tinto con crianza 100% Monastrell) es un vino de color rojo granate en cuyo ribete asoman los tejas. Nariz de intensidad media y cierta complejidad, con fruta negra madura, higos pasos, flores secas, grafito y caramelo. En boca reveló buena acidez, recuerdos bien conjuntados de fruta y madera, cierta potencia, un tanino presente que se mostraba elegante, y un buen final. Un vino muy rico, que gustó mucho en la mesa.
Un inesperado y agradable regalo este trío de vinos locales, de los que destacaría sin duda el Pontos 1932, que podría estar a la altura en cualquier buena mesa con productos de su tierra de origen, como unos buenos embutidos, gachasmigas y arroz de conejo y caracoles.

martes, 14 de febrero de 2017

Por la Bodega del Aldi

Supongo que resultará llamativo que después de dos entradas del blog hablando de vinos del nivel de los anteriores, comente ahora vinos adquiridos en el lineal de un supermercado. Pero aunque no suelo comprar el vino en grandes superficies, sí que de vez en cuando me pica la curiosidad y pruebo vinos, sobre todo internacionales, de los que traen las cadenas de supermercados y ponen a nuestra disposición a precios a veces sospechosamente baratos.
En este caso traigo para compartir con los lectores de este humilde blog cinco vinos adquiridos en la cadena alemana Aldi, de distintos orígenes y variedades, y de los que no me pidáis datos sobre productores, elaboración y demás, ya que estos suelen ser vinos elaborados para esta cadena, y no suelen aparecer en los portfolios de las bodegas.
Empezamos con un blanco, Jean Giner Chardonnay 2015 (IGP Vin Du Pays D'oc, blanco con crianza 100% Chardonnay, Jean Giner), un vino de color amarillo alimonado con algún destello oro pálido; nariz de intensidad media, con cítricos, ahumados, hinojo y flores blancas; en boca tiene buena acidez, con un tenue amargor y es algo graso; nada del otro mundo, pero no está mal.
Otro blanco, en este caso del Nuevo Mundo, fue el Neuseeland Sauvignon Blanc 2015 (Marlborough, Nueva Zelanda, blanco joven 100% Sauvignon Blanc), de color amarillo pálido con reflejos verdosos, mostró aromas comedidos de ciruela claudia, manzana y puntas herbáceas, y en boca es fluido, frutal, con una acidez correcta; lejos de un Sauvignon Blanc serio, pero agradable de beber.
De Alemania viene un tinto, el Dornfelder Trocken Barrique 2014 (Pfalz, tinto con crianza 100% Dornfelder), vestido de color rojo granate con ribete granatoso de capa media alta, con una intensidad aromática media donde aparecían fruta roja ácida, hierbas de monte y tenues recuerdos de la madera de la crianza, y que en boca es fluido, de buena acidez, frutal y fresco. Un vino sencillo, que me sorprendió y me ha gustado.
Seguimos viaje hasta Australia con el Southern Creek Prestige 2015 (SouthEastern Australia, tinto con crianza 100% Shiraz), vino de color rojo rubí de capa baja con ribete rubídeo; aromas de fruta roja, florales, pimienta negra y balsámicos, siendo el conjunto de intensidad media; paso por boca fluido, de buena acidez y con un tanino ligero; en general mejor nariz que boca.
Terminamos de vuelta en la vieja Europa, con un tinto Italiano, el Rubinaia Grande Amoroso 2013 (IGT Puglia, tinto con crianza, Negroamaro y Sangiovese) de color rojo rubí con ribete rubídeo; nariz de poca intensidad, con fruta confitada, lácticos y aromas terrosos; en boca tiene cierto peso, con una acidez justa, algo goloso, no tiene mal sabor, pero llega a cansar.

Cinco vinos de menos de 5 euros, algunos fáciles y agradables de beber, pero que no considero que sea necesario repetir.