domingo, 25 de octubre de 2015

Experimentos en casa: quesos, blanco y generoso.

Ya sé que mucha gente no da importancia, o incluso menosprecia la cuestión del maridaje o "emparejamiento" entre vinos y comidas. A mí personalmente sí que me gusta buscar la mejor conjunción, y aunque suelo ser bastante clásico en lo que a elecciones se refiere, en ocasiones me apetece probar y experimentar cosas. Creo que un buen entendimiento entre los platos servidos y el vino potencia sabores, realza sensaciones y aumenta el disfrute, que a fin de cuentas es de lo que se trata.
Teniendo por casa algunos quesos, decidí preguntar al que llamo mi sanedrín vinícola en Twitter su opinión sobre los vinos que mejor irían con ellos, y la opinión mayoritaria giró en torno a blancos con cierto paso por madera y vinos del marco de Jerez que no fuesen las elaboraciones más básicas como finos o manzanillas. Así pues, y teniendo en cuenta que la tabla de quesos iba a estar formada por queso de cabra semicurado, queso de oveja curado, mature Cheddar y Gruyere, me fui a por un par de vinos de los que me habían sugerido para ver cuál de ellos hacía mejor los honores a los lácteos.
Me habían propuesto un blanco con madera, y aunque quise ir a por Capellanía, un blanco que me gusta mucho, no lo pude encontrar en los dos sitios a los que fui, por lo que me traje a casa un Azpilicueta Blanco 2014 (DOCa Rioja, blanco con 3 meses de crianza, 100% Viura, Bodegas Azpilicueta). Resultó ser un vino blanco no muy complejo ni intenso, de color amarillo pálido con reflejos acerados; nariz fresca, con fruta blanca y flores blancas en primer plano y alguna nota cítrica, y que en boca se mostró frutal, con buena acidez y leves recuerdos del paso por la barrica. Un vino sencillo y fácil de beber.
Siguiendo las sugerencias jerezanas, me traje a casa un Oloroso Alburejo (DO Jerez-Xérès-Sherry, generoso 100% Palomino, Bodegas Pilar Aranda). Me encontré con un vino de color caoba de bapa media baja, con una nariz menos intensa de lo que me esperaba, donde destacaban los aromas a maderas y avellanas sobre un fondo yodado, y que en boca se mostró seco, con recuerdo de frutos secos y ebanistería, intenso y potente.
Pasando ya al tema que nos ocupa, la reunión con los distintos quesos mostró diferencias significativas. El blanco riojano se llevó muy bien con el queso de cabra semicurado, realzándose sensaciones gustativas y táctiles, y bastante bien con el queso de oveja, con el Cheddar la cosa no fue tan agradable, ya que se marcaba mucho amargor en el vino, y con el Gruyere la verdad es que no destacaría nada. En cuanto al oloroso, es cierto que no se llevaba mal con ningún queso, pero su potencia sápida era tal que casi borraba de la boca cualquier recuerdo del queso degustado inmediatamente antes; quizá con el mejor con el Gruyere.
Me gusta hacer estos experimentos de maridaje en casa, y en este caso si tuviese que elegir uno de los dos vinos para estos quesos me quedaría con el blanco, aunque como también me sugirieron en la red social mencionada, un blanco más potente, tipo el Capellanía que originalmente buscaba, hubiese completado mucho más el conjunto.

martes, 20 de octubre de 2015

Belondrade y Lurton 2013: Un Gran Verdejo.

Mis amigos y conocidos del mundillo vinícola saben de mi poca querencia por los verdejos de Rueda. No es que crea que no se hacen buenos vinos en esa DO, y valgan como ejemplo Javier Sanz 1863, Finca Montico o Blanco Nieva Pie Franco entre algunos otros, pero la verdad es que la inmensa mayoría de Rueda Verdejos que he probado son vinos insulsos, con los mismos aromas, sin apenas distinción entre ellos. Por otro lado, de todos es sabida la deriva hacia las grandes producciones frente a la calidad que ha decidido tomar su CRDO. En fin, que es muy raro que ante una carta de vinos me decida por un Verdejo.
Hace unos días, cenando en el restaurante del hotel donde estábamos pasando unos días de escapada en el puente del Pilar vimos en la carta un vino del que había leído grandes cosas, y me decidí a probarlo a ver si estaba de acuerdo con todo lo bueno que de él se decía.
En 1984, un francés afincado en Nava del Rey presentó un Verdejo 100% criado en barrica con sus lías. En el año 2000, Didier Belondrade inaugura una bodega en el término municipal de La Seca y poco a poco va ampliando su catálogo con un rosado 100% Tempranillo y un blanco joven 100% Verdejo.
Belondrade cuenta con 30 Ha de viñedo propio dividido en 19 parcelas, con suelos formados por cantos rodados, arcilla y caliza en distintas proporciones. Cepas con edades entre los 30 años para el vino principal y de ocho años para Quinta Apolonia, y viñedos a unos 750 metros de altitud. Vendimia en verde cuando es necesario para controlar la producción, cultivo respetuoso con el medio, y actualmente ya con certificación ecológica.
El vino insignia de la casa, y el que probamos en esta ocasión, fue el Belondrade y Lurton 2013 (DO Rueda, blanco con crianza 100% Verdejo, Belondrade). Vendimia manual en cajas de 10 - 12 Kg, doble selección manual en viñedo y en mesa, fermentación espontánea controlada con levadura autóctona, sin uso de levaduras comerciales, y crianza de 9 meses con sus lías y con battonage en barrica de roble francés de 300 litros, de las cuales un 20-25% son nuevas. Reposo de unos 5 a 6 meses en botella antes de salir al mercado.
Disfrutamos de un vino de color amarillo pajizo con reflejos dorados, muy limpio y brillante, y que ya mostraba buena densidad en copa. La nariz se reveló muy frutal, sobre todo piña y lichis, con jazmín, algún deje amielado y recuerdo de su crianza con sus lías. En boca es un vino de muy buena presencia, seco, amargoso, frutal, graso y muy largo.
Un vino que realmente nos impresionó y que deja claro que haciendo las cosas bien sí se pueden conseguir grandes vinos en esta región.

lunes, 12 de octubre de 2015

Un Tinto Chicharrero

Suertes del Marqués es una pequeña bodega familiar tinerfeña fundada en 2006 con la idea de elaborar vinos de calidad diferenciada. Cuentan actualmente con 9 Ha de viñedo en la finca “El Esquilón”, ubicada en la zona conocida como Las Suertes en las medianías del Valle de La Orotava, con 21 parcelas entre los 350 y los 700 metros de altitud sobre el nivel del mar, plantadas sobre todo con cepas centenarias a pie franco de Listán negro y blanco y otras variedades autóctonas como Vijariego, Baboso, Tintilla o Albillo. Con la idea de interferir lo menos posible en los procesos naturales de elaboración del vino, todos los procesos son manuales, con uso de levaduras autóctonas, fermentación en depósitos de acero inoxidable y tanques de cemento sin revestir y crianzas en fudres de madera de origen borgoñón. La bodega elabora dos gamas de vinos, la gama Suertes del Marqués compuesta por cinco tintos, dos blancos secos y un semiseco, y la gama 7 Fuentes, que consta de dos vinos tintos.
El vino de la bodega que hemos probado y disfrutado fue el 7 Fuentes 2012 (DO Valle de la Orotava, tinto con crianza 90% Listán Negro y 10% Tintilla, Suertes del Marqués). Se trata de un ensamblaje de uvas procedentes de varias parcelas con suelos franco arcillosos de origen volcánico, con distintas exposiciones y entre los 400 y los 650 metros sobre el nivel del mar, con una edad media de los viñedos de entre 10 y 100 años. Vendimia manual, fermentación alcohólica con levaduras autóctonas en depósitos de acero inoxidable con remontados diarios, maloláctica 60% en depósitos de hormigón de 5700 litros y el resto en barricas de roble de 500 litros y crianza de 8 meses, 60% en depósitos de hormigón y 40% en barricas de roble francés. Se trata de un vino de color picota bien cubierto, con ribetes rubideos muy vivos. La nariz es de buena intensidad y muy atractiva, con cacao, fruta roja ácida, fruta negra bien madura, notas terrosas y quizá algo de hierbas de monte. En boca tiene una acidez fresca, de cuerpo medio, buena presencia, tanino muy dulce, sedoso y con un final muy agradable.
Mi primer tinto tinerfeño ha resultado ser un vino fresco, con cierta complejidad y muy rico. Me ha gustado mucho, y creo que tiene una muy buena RCP. Repetiré sin duda, y espero ir probando el resto de vinos de la casa.