martes, 26 de agosto de 2014

Visitando Adega Moraima

Si tuviese que resumir en una sola palabra mi visita del otro día a Adega Moraima, sin duda sería Viñedo. Y es que la principal preocupación de los socios de esta cooperativa es un viñedo sano, en buenas condiciones y procurando rescatar y mantener viejos viñedos prefiloxéricos dispersos por la zona.
Viña Moraima S. Coop. Galega es una pequeña cooperativa que nace en el año 2006. Actualmente está formada por un total de 12 socios que cuentan con unas 9 Ha de viñedo localizado en la parte alta de la comarca del Salnés, lo que les permite tener viñedos en laderas, con más insolación y muy buenas condiciones para una uva sana y de calidad. Varios de los socios tienen una tradición viticultora familiar que llega a ser centenaria, y actualmente están adscritos a la producción integrada, utilizando los mínimos tratamientos sistémicos posibles y con patrones como respeto a la capa vegetal natural del suelo. En bodega, se hace uso de la tecnología pero con el mayor respeto a la uva, intentando extraer de ella todas sus características varietales y de terroir.
La mayor parte de la visita, de la mano de Gonzalo y Diego, consistió en recorrer los viñedos. Viñedos muy viejos de Albariño, de escasa producción y alta calidad, junto con algunos viñedos en pie franco de Caíño y de Ratiño, una variedad con la que están empezando a trabajar. Mimo exquisito a la viña y selección de racimos en el propio viñedo para una producción total de unas 50.000 botellas de Albariño, aunque recientemente han embotellado su primera añada de Caíño Tinto. En Moraima se elaboran fundamentalmente dos marcas de vino 100% Albariño. Tras la selección en viñedo, despalillado, maceración en frío y separación del mosto flor para la primera marca, destinando el resto a la segunda marca de la bodega.
Junto con Gonzalo y Diego, a los que se unió Javier, el presidente de la cooperativa, y con la compañía de Alfonso, distribuidor en Bruselas, pudimos catar los dos vinos 100% Albariño que elaboran, así como el recién embotellado Caíño Tinto.
Aba de Trasumia 2013 (DO Rías Baixas, blanco joven 100% Albariño, Adega Moraima) se elabora tras maceración pelicular de unas 5 horas a 6ºC con fermentación en acero inoxidable durante 14 días a 16ºC y un filtrado suave antes del embotellado. El resultado es un vino de color amarillo pálido con reflejos acerados. Tiene una nariz de intensidad media, con manzana, flores blancas y fruta de hueso. En su paso por boca muestra una buena acidez, es fresco, con un amargor y una mineralidad final muy agradables. Me pareció un vino de chateo, sin grandes cosas destacables, pero agradable.
Moraima 2013 (DO Rías Baixas, blanco con crianza sobre lías, 100% Albariño, Adega Moraima) se elabora sometiendo a las uvas a una maceración pelicular a 6ºC durante unas 7 horas tras el despalillado, con fermentación en inox a 6ºC durante 14 días y posterior reposo con sus lías durante unos 4 meses; filtrado suave antes de embotellar. Es un vino de color amarillo alimonado, con una nariz franca y de buena intensidad, que muestra fruta de hueso, piel de manzana reineta, alguna nota de miel tenue, recuerdo del reposo con sus lías y un deje de pedernal. En boca se revela fresco, frutal, graso, llenando la boca y con un final amargoso muy agradable que le da una persistencia larga. Me pareció un muy buen vino y con capacidad de una evolución interesante, como demostró la botella de Moraima 2012 (DO Rías Baixas, blanco con crianza sobre lías, 100% Albariño, Adega Moraima) que se sacó de la manga Diego. Este año más de botella ha hecho que nos encontremos con un vino de color amarillo dorado con reflejos dorados, precioso. Nariz de buena intensidad, elegante, con miel, cera, fruta muy madura, y claras notas cítricas. En boca se reveló lleno, con una acidez fresca, untuoso, amargoso y frutal, nuevamente con una muy buena persistencia. Una fantástica evolución para un muy buen vino.
Terminamos la cata probando el recién embotellado Moraima Caíño 2013 (DO Rías Baixas, tinto joven 100% Caíño Tinto, Adega Moraima). Tiene un precioso color rojo cereza de capa baja. Extraños aromas de reducción al principio, que nos obligaron a una buena aireación, para dejar salir su personalidad de bosque, matorral y fruta ácida. En boca tiene esa acidez viva típica de estos vinos, siendo ligero y frutal y mínimamente secante al final. No son vinos para todos los gustos, pero de este me bebería botellas.
Estamos ante otro ejemplo de que existe y se debe potenciar otra forma de hacer vino en las Rías Baixas. Producciones bajas, mimo en la viña, respeto a lo que la tierra nos brinda, y calidad por encima de cantidad. Desde luego Moraima es un vino serio, para descubrir sus matices y para seguir su evolución, y el Caíño, el primero que pruebo sin paso por barrica, es de los de sentarse a charlar y beber una copa tras otra.
Gracias a Gonzalo, Diego, Javier y Alfonso por una mañana más que agradable, de disfrutar y aprender.

jueves, 14 de agosto de 2014

De Tintos por Zárate

Como ya he comentado alguna vez aquí, la comarca del Salnés ha sido históricamente zona de producción de vinos tintos, siendo los blancos, fundamentalmente de Albariño, relativamente recientes (unos 50 o 60 años). Ahora, algunas bodegas están volviendo sus ojos a esas castas más o menos autóctonas y casi olvidadas por aquellos que buscan la venta de miles de botellas de vino dejando de lado la calidad, la tipicidad y la historia. Así, Loureiro Tinto, Caíño Tinto, Espadeiro y otras, empiezan a resurgir de la mano de algunos apasionados que escuchan de forma habitual "Y si ya vendes bien el albariño, ¿para qué te vas a meter en líos?"
Con la idea en mente de probar algunos de estos tintos, José Luis Louzán y yo pusimos rumbo a una de las bodegas que desde hace algunas añadas empiezan a trabajar bien con estas variedades, y donde además siempre somos bien recibidos y mejor tratados.
También hemos hablado ya aquí de Bodegas Zárate. Una bodega que ha creado parte de la historia de la DO Rías Baixas, y cuya tradición vinícola se remonta a 1707 de la mano de Diego Zárate y Murga,  Primer Marqués de Montesacro por Decreto de Felipe V. Ernesto Zárate fue el fundador de la Fiesta del albariño de Cambados, y después de 7 generaciones, la familia Zárate continúa cuidando los viñedos familiares y elaborando vino.
Actualmente, el encargado de mantener la tradición familiar es Eulogio Pomares, un enófilo convencido de que el vino se hace en la viña. Reducción al mínimo de productos químicos de síntesis, uso de algunos elementos de la biodinámica y mantenimiento de la cubierta natural, son entre otros los responsables de la calidad y diferenciación de los vinos de Zárate.
Hablar con Eulogio es siempre una delicia. Escuchar de boca de quien forma parte por herencia de la historia vinícola de esta región cómo trabajan las viñas, cómo elaboran sus vinos, y qué podemos encontrar en cada copa, es motivo para regresar a Meaño una y otra vez.
Como ya dije, en esta ocasión llevábamos la idea de dejar de lado esas maravillas blancas que elabora, e íbamos directamente a por los tintos. Eulogio nos contó un poco de historia, de como allá por los años 50 las grandes cooperativas dijeron a los agricultores que si querían seguir vendiendo uva, debían arrancar esas cepas tintas y plantar albariño. Nos explicó como y cuando han replantado ellos parte de sus fincas con Loureiro, Caíño y Espadeiro, y como han logrado mantener algunos pequeños viñedos viejos de Caíño y Loureiro que escaparon a la fiebre del albariño.
En Zárate se elaboran ahora 3 tintos monovarietales, Loureiro Tinto, Caíño Tinto y Espadeiro, de los cuales pudimos probar los dos primeros. Zárate Caíño Tinto 2011 se elaboró tras vendimia manual y selección en el mismo viñedo, que tiene una edad media de 60 años. Las uvas se pisaron sin despalillar en un tino de roble abierto, donde tiene lugar la fermentación, para luego hacer una maceración larga de 4 semanas con un pigeage diario. Posteriormente, maloláctica y crianza de 12 meses en barrica de roble francés de tercer año para pasar a ser embotellado sin filtración ni clarificación en febrero de 2013, con una producción de 1250 botellas. El resultado es un vino de bonito color apicotado, de capa media, brillante. Nariz intensa marcada por los aromas de bosque, frutales y de hierba, con notas mentoladas. En boca destaca una acidez viva, un paso muy fluido y una tanicidad algo marcada aún, que a alguno puede echar algo para atrás, pero que junto con la acidez le da una gran personalidad al vino.
El Zárate Loureiro Tinto 2011 inicia su vida de forma parecida, con vendimia manual y selección en viña, con viñedos de una edad media de 60 años. En este caso, las uvas se despalillan y fermentan en una tina de acero inoxidable abierta, y luego se realiza durante 4 semanas un pigeage diario. Maloláctica y crianza de 12 meses en barrica de 500 litros de roble francés, y embotellado sin filtración ni clarificación en febrero de 2013, con una producción de 600 botellas. En copa muestra un color picota brillante, de capa media, muy atractivo. Nariz marcada por las hierbas de monte, laurel, eucalipto y notas frutales. En boca de nuevo una acidez vivísima, buena tanicidad y un paso fresco y alegre, con una muy notable persistencia.
En resumen, dos vinos de marcado carácter atlántico, de disfrute temprano aunque con cierto potencial de mejora en botella, de los que hacen sonreír y beberse una copa tras otra.
Gracias nuevamente a Eulogio y Rebeca por la amabilidad y la simpatía que tienen conmigo cada vez que me acerco a la bodega, y a José Luis Louzán por hacer que tanto esta parte del día, como el resto, conformaran una maravillosa jornada.

domingo, 3 de agosto de 2014

Dejad que los Niños se Acerquen al Vino

Ya hace tiempo que le vengo dando vueltas a este tema, y tras una conversación hace un par de días con José Luis Louzán, me he decidido a ponerlo por escrito.
Mucho se habla por todas partes de la cultura del vino, de recuperar la cultura del vino, de que los jóvenes no beben vino.. Y por otro lado no dejamos de ver en los medios imágenes de jóvenes imberbes en estados lamentables a base de combinados de licores de 40º o más bebidos en cantidades que me harían palidecer hasta a mi.
¿Cómo conjuntamos una cosa con otra? Pues haciendo que beber vino deje de ser un tabú y que vuelva a formar parte de la vida diaria de las familias y los chavales. Y me explico.
En mi casa, desde que tengo memoria, siempre había vino. A granel, si, pero siempre había una garrafa de blanco y una de tinto, amén de una cajita de cervezas. No recuerdo en aquella época de mi niñez y adolescencia ver a mi padre comer con agua. Y mucho menos a mi abuelo, con aquella jarra que ponía "Deus fixo a muller e dixo: hai que roela". Por lo tanto, el vino formaba parte de mi vida diaria. Ver a alguien beber vino era lo normal.
Los que ya tenemos cierta edad, hemos sido iniciados en los sabores del vino desde niños. No pasaba nada porque un padre o una madre diese a probar un sorbito de vino al crío. Nadie se escandalizaba porque una niña bebiese "rosadito" (vino con gaseosa). Desde niños mi abuela nos daba de merendar muchas veces sopas de caballo cansado (pan duro remojado en vino y espolvoreado con azúcar).
Nadie de mi núcleo familiar es alcohólico, y a todos nos gusta disfrutar de un buen vino con la comida.
Todo esto me lleva a dos reflexiones. En primer lugar, el ver el consumo de vino como algo cotidiano y normal puede hacer que de adultos sigamos esas costumbres aprendidas en casa y hagamos del vino la bebida que acompaña nuestras comidas. Por otro lado, nada excita más la curiosidad de un adolescente que lo prohibido. Un adolescente que ve a sus mayores consumir vino, u otras bebidas alcohólicas, con moderación y responsabilidad, no buscará eso como seña de rebeldía. "Si es lo que hacen mis viejos, eso no mola para estar con los colegas".
Creo sinceramente que si desterramos esos falsos puritanismos y dejamos que el contacto con el vino tenga lugar bajo tutela familiar responsable, y desde edades tempranas, es mucho más probable que de adulto esa persona siga consumiendo vino y haciéndolo con moderación.

La imagen está tomada del blog de Uvinum.