domingo, 30 de septiembre de 2012

Una Ronda de Champagne

Ya he dicho anteriormente aquí que este verano ha sido pródigo en blancos, rosados frescos y espumosos. En su día comenté varios de los rosados que he bebido durante los meses estivales, y en esta ocasión le toca el turno a los espumosos, que básicamente han venido del país vecino.
Laherte Frères fue fundado en 1889 por Jean-Baptiste Laherte, en la villa de Chavot. Actualmente elaboran unos 10 tipos de Champagne, incluyendo dos rosé, un millésime y un curioso coupage de 7 variedades. El que he probado es su Blanc de Blancs Brut Nature, elaborado a partir de viñedos situados en Chavot y Épernay, de una edad media de 30 años. La fermentación alcohólica se realiza en fudres y barricas, con removido periódico de las lías, y se deja que el vino haga una maloláctica parcial. Un 50% del vino base procede de añadas anteriores, que se conserva en barricas. Crianza de 6 meses y ligera filtración antes del embotellado. Laherte Frères Blanc de Blancs Brut Nature (AOC Champagne, 100% Chardonnay, Laherte Frères) tiene un color amarillo pajizo claro, con un perlaje algo irregular de tamaño, pero continuo. Nariz donde se conjuntan los tostados y las lías con aromas de flores blancas y algo de cítricos. En boca, tiene una acidez marcada, es muy seco, con presencia y personalidad, y un buen final. No está mal, sobre todo por el precio que pagué por el al haber un error en la tienda donde lo compré. El único con fecha de degüelle en la etiqueta.
Louis Massing producen sus vinos en Avize, controlan un total de 11 Ha y elaboran 7 cuvées. No he podido encontrar mucha más información sobre este champagne, ni siquiera las proporciones exactas de las castas, así que simplemente dejos mis impresiones. Deregard Massing Brut Réserve (AOC Champagne, Louis Massing) viste de color amarillo pajizo con una burbuja bastante continua, de buen tamaño. Nariz donde destacan los frutos secos (avellana) y las flores blancas, con algo de cítricos. En boca tiene buena acidez, es fresco y seco, con carbónico marcado, algo cremoso, final agradable. Un champagne de buena RCP que se bebe bien.
Heidsieck & Co Monopole está situada en Épernay, y su fundación data del año 1785. Actualmente forma parte del grupo Vranken-Pommery, y elaboran 7 etiquetas, incluidos un Rosé y un Millésime, siendo este Blue Top el básico de la casa. Heidsieck & Co. Monopole Blue Top Brut (AOC Champagne,  70% Pinot noir, 20% Chardonnay, 10% Pinot menieur; Heidsieck & Co Monopole) muestra un color amarillo pálido brillante, con burbuja fina y persistente, algo escasa. Nariz marcada inicialmente por frutos secos y pan tostado, pero con un claro fondo de fruta (manzana, cítricos) y flores blancas. Boca con acidez cítrica, seco pero sin pasarse, bastante lleno, final cítrico. Un champagne potente y refrescante; el que más gustó de estos tres.
Tres champagnes por debajo de los 20€, muy bebibles y disfrutables, y todos bien capaces de acompañar toda una comida.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Unos Días en Bologna

Bologna es la capital de la región de Emilia-Romagna, situada al norte de Italia, muy cerca de la cadena montañosa de los Apeninos. Su casco antiguo, la ciudad medieval, es el segundo más grande de Europa, y en esta ciudad está la universidad más antigua de occidente, ya que fue fundada en 1088.
Unos días en Bologna han servido para disfrutar de su Piazza Maggiore, el laberinto de callejuelas del casco antiguo, visitar algunos edificios de la universidad (la facultad de derecho es impresionante) y deleitarse con la vida y el ambiente extraordinarios de esta ciudad.
Además, unos días son suficientes para darse cuenta de por qué, gracias a la cantidad y calidad de sus productos gastronómicos, Bologna es llamada, entre otras, Bologna la Grassa (Bolonia la Gorda). Los embutidos (una vez probada la mortadela en uno de sus restaurantes, ninguna otra que compréis os va a saber igual), el prosciutto (pierde al lado de nuestro jamón, pero está bien bueno), el queso squacquerone (cremoso, untado sobre unos panecillos calientes es una gozada), esa delicia llamada queso Parmigiano-Reggiano (Parma también forma parte de Emilia-Romagna) y por supuesto, el omnipresente ragù bolognese, que como parte de unos tagliatelle alla bolognese o una lasagna (que lasagnas tan deliciosas he comido estos días) de pasta fresca fresquísima, conforman una experiencia fantástica.
De vinos no voy a dar nombres, ya que en esta ocasión no he tomado notas, me he limitado a disfrutar. He bebido Prosecco (sencillo y fresco espumoso que como aperitivo va de maravilla), Chardonnay di Romagna (el que probamos, muy cremoso y algo justito de acidez, pero no estaba mal), algún blanco de Pinot Grigio (frutal y ligero), un Vino Nobile di Montepulciano (muy rico, sedoso y suave, unos vinos que me gustan mucho), por supuesto Lambrusco (el de verdad, un vino tinto totalmente seco, con algo de carbónico, que va de escándalo con el embutido boloñés) y sobre todo, algunos ejemplos de Sangiovese di Romagna (en general vinos sencillos y frutales, algo ásperos) y Sangiovese di Romagna Riserva (más hechos, con más presencia, pero también sencillos de beber).
Unos días en Bologna han servido también para darnos cuanta de que, en eso tan de moda que es la llamada cultura del vino, en Italia nos llevan unos pocos kilómetros de ventaja. En cualquier terraza de precio medio (alrededor de 30€ dos platos, postre y vino), las cartas de vinos eran bastante aceptables, predominando por supuesto el producto local. Siempre se nos presentaron las botellas, se descorcharon en la mesa, el corcho fue aireado y olido por el camarero antes de dar a probar el vino, siempre se preguntó quien lo iba a probar, y cuando se pidió una segunda botella, se trajo una copa nueva para probarla; sólo era criticable la calidad de las copas. Vamos, lo que todos consideramos un correcto servicio del vino, pero que en España brilla por su ausencia en muchos restaurantes de la categoría de los que hemos visitado en este viaje.
Es mi segundo viaje a Italia (el anterior fue a Milán), y cada vez me gusta más ese país. Sus gentes son capaces de alegrarte el día sólo con mirarles y escucharles un rato, su arquitectura llega en ocasiones a cotas gloriosas, y su comida y su bebida... ¡Vivan la comida y la bebida italianas!

sábado, 15 de septiembre de 2012

Marcel Lapierre Morgon 2010

Lo malo de hacernos muchas expectativas sobre un vino, es que nos podemos llevar un chasco muy grande.
En este caso, y después de todo lo que había leído sobre este vino de la mano de verdaderos conocedores como Joan Gómez, mis expectativas eran más que altas; así que cuando en una tienda online de reciente descubrimiento para mí (elSumiller.es) vi que lo tenían, no me lo pensé dos veces a la hora de hacerme con una botella. Y en este caso, las expectativas han sido más que superadas.
El Marcel Lapierre Morgon 2010 (AOC Morgon, tinto con crianza 100% Gamay noir à jus blanc, Marcel Lapierre) es un vino natural elaborado con uvas procedentes de cepas de una edad media de 70 años, con certificación de agricultura biológica. Vendimia manual, maceración semicarbónica sin adición de sulfitos y con levaduras indígenas y crianza de 9 meses en barricas, para pasar a ser embotellado sin filtrar y sin adición de azufre.
El vino viste un olor rojo rubí cristalino, de capa baja, no muy brillante pero si bonito. La nariz es tremendamente alegre, con gran presencia de la fruta roja ácida, hierbas de monte, punto mineral, olor a campo, a hojas frescas, a naturaleza. Pero si la nariz es deliciosa, en boca la cosa alcanza cotas de disfrute superiores. Fresco, vivo, frutal, acidez fantástica, punto de carbónico muy refrescante. Un vino sencillamente delicioso, que cuando lo probamos, mi otra mitad y yo exclamamos casi al unísono: "¡Joder, que bueno!".
Hay vinos de reflexionar, vinos de pensar y analizar, vinos serios y formales, y vinos como este, de simplemente disfrutar. Un vino de los que te ponen una sonrisa en la boca. Que debe estar fantástico mientras se está a la sombra de un roble escuchando el ronroneo de un río al fondo. De gozar con cada sorbo.
Marcel Lapierre ya no vive, las riendas de la casa las lleva su hijo Mathieu, que espero que siga con el buen hacer del padre y nos siga regalando con vinos como este.

martes, 11 de septiembre de 2012

Minicurso Rioja-Ribera

Delante, Rioja; detrás, Ribera
El pasado viernes tuvo lugar en Bodega Selección de Alicante un minicurso en el que se dio una idea general sobre la localización geográfica, características climáticas y de suelo, variedades, métodos de elaboración y regulación de las dos principales DO españolas: Rioja y Ribera del Duero.
Si, es un tema recurrente y quizá algo anticuado a estas alturas, además de ser algo así como el examen básico de conocimientos vinícolas, pero siempre me resulta interesante asistir a este tipo de eventos, compartir experiencias, y sobre todo, aprender de quienes saben bastante más que yo.
Ya que la cosa iba de distinguir Riojas y Riberas, los organizadores tiraron por lo clásico, y catamos 6 vinos, 3 de cada DO, que intentaban reflejar lo más posible lo que es cada una de estas DO.
Para empezar, lo más joven de cada denominación. De Rioja catamos el Erre Punto 2011 (DOCa Rioja, tinto maceración carbónica, 90% Tempranillo, 5% Garnacha y 5% Viura y Malvasía; Remírez de Ganuza), que viste un bonito color picota oscuro, bien cubierto, con ribetes violáceos. A copa parada se apreciaba un toque vegetal, apareciendo después el plátano, la fruta dulce y suaves notas lácticas. En boca es fresco, algo áspero y de acidez marcada. Me han gustado más otras añadas (casualmente, en 2011 no se presentó este vino al concurso de los mejores MC). La contrapartida ribereña vino de la mano de un vino que no es equivalente, pero que si pretendía mostrarnos como es un ribera joven. Raíz de Guzmán Roble 2010 (DO Ribera del Duero, tinto con 6 meses de barrica 100% Tinto fino, Páramo de Guzmán) tiene un color picota intenso, bien cubierto, algo más apagado que el anterior vino, con ribete violáceo menos brillante. A copa parada la nariz está muy marcada por la madera, apareciendo vainillas, especiado, notas ahumadas y regaliz. En boca tiene un cuerpo medio, buena acidez, tanino marcado y cierta potencia. No me entusiasmó demasiado.
Pasamos a la categoría de “crianza”, mención que pueden llevar aquellos vinos tintos con un período de crianza en barrica de roble y botella de un mínimo de dos años, de los cuales un año debe ser en barrica de roble. La Rioja estuvo representada por Marqués de Legarda Crianza 2008 (DOCa Rioja, tinto con crianza, 93% Tempranillo, 2% Graciano, 5% Mazuelo; Bodegas de la Real Divisa), vino de color picota granatoso, con ribete granate donde asoma ya el marrón; nariz con fruta negra madura, algo de vainilla, especiado y alguna nota química; el paso por boca, suave, buena acidez, tanino sedoso, final frutal de duración media; un clásico. De la región del Duero vino Señorío de los Baldíos Crianza 2009 (DO Ribera del Duero, tinto con crianza 100% Tinta del país, Bodegas García de Aranda), mostrando un color picota intenso, con ribete violáceo-granatoso algo apagado; en nariz se mostró muy cerrado, necesitando tiempo y aire para dar paso a un vino con notas animales (cuero), algo químico, regaliz, licoroso y con dejes dulzones; en boca es un vino de buen cuerpo, sabroso, con un tanino aún bien presente, pero de calidad; un vino un tanto maderoso, pero rico.
Pasamos a los “reservas”, aquellos vinos tintos cuyo período de crianza en barrica de roble y botella tiene que ser de un mínimo de treinta y seis meses, con un tiempo mínimo de permanecía en barrica de roble de doce meses. De la Rioja pudimos disfrutar de un clásico que nunca pasa de moda, que nunca defrauda, como es Marqués de Murrieta Reserva 2006 (DOCa Riioja, tinto reserva, 88% Tempranillo, 7% Mazuelo, 3% garnacha Tinta, 2% Graciano; Marqués de Murrieta). Como corresponde, color granatoso donde ya se marca el teja en el borde. Nariz licorosa y elegante, dominada por la crianza, con notas dulzonas de madera, cueros, algo de cacao y fruta negra. En boca, fresco, suave, de buena acidez, tanino sedoso y elegante y final muy agradable. Un gran vino, muy rico. El reserva de la ribera fue un vino ya bastante entrado en años, Araviñas Reserva 1999 (DO Ribera del Duero, tinto reserva 100% Tinto Fino, Bodegas El Molar). De color atejado con ciertas turbideces, daba en nariz mucho tufo de reducción, que hizo que tuviésemos que darle tiempo en las copas para que aparecieran notas de fruta negra muy madura macerada en licor, madera y grafito. En boca, aún cierta acidez, muy suave y sedoso, manteniendo algo de carácter frutal. Sorprendentemente agradable, con ese misterio de los vinos madurotes.
En resumen, una agradable velada, donde comprobamos ciertas diferencias entre clásicos de la Rioja y la Ribera, disfrutamos de buenos vinos, y donde la charla final fue casi lo más interesante, con los temas pasando de los 100 Parker a Remírez de Ganuza, el precio/valor de los vinos, y la necesidad de que la reglamentación española de las DO sea urgentemente revisada y modernizada.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Por Fin en Forjas del Salnés

Como todos los veranos al volver a Galicia, intento visitar alguna bodega de las Rías Baixas que me resulte especialmente interesante. Este año, después de haberlo intentado en un par de ocasiones, he podido por fin visitar a uno de los productores que más está dando que hablar en la DO, Rodrigo Méndez de Forjas del Salnés.
Rodrigo es el alma mater de una pequeña bodega por su producción (unas 13000 botellas), pero enorme en calidad y seriedad en el trabajo. Unas 5 Ha en propiedad (incluida una finca ya casi en Sanxenxo, que aún no ha dado su primera cosecha, pero que por emplazamiento y suelo promete mucho), y otras 3 ha en alquiler, tras la incorporación de 1 nueva Ha este mismo año.
En 2003, una de esas casualidades de la vida hace que se crucen Rodrigo Méndez y Rául Pérez, empezando una más que fructífera línea de colaboración en la que se venden uvas, se asesora, se reutilizan barricas...y se gestan algunos de los mejores vinos de España.
Por fin, tras el intercambio de un par de emails y llamadas telefónicas, ponemos rumbo a Meaño para quedar con Rodri y el resto del grupo e iniciar la visita.
Primera parada, obligatoria, en lo que es la finca insignia del proyecto. Algo más de 1 Ha de viñedo antiguo, donde conviven Caiño, Albariño y alguna otra casta, en emparrado, con mantenimiento del manto vegetal del suelo, usando sólo tratamientos tradicionales en el viñedo, y donde hay alguna cepa de más de 200 años. Estamos hablando, como no, de la finca de la Señora Lola, una entrañable muller que ha visto cultivar y hacer vino desde hace muchos años, y que recibe a todos los visitantes con una sonrisa y con una amena y entretenida charla lista para quien quiera escuchar. Pero no son estas cepas antiquísimas las únicas joyas que custodia la Señora Lola. Dentro de antiguos cobertizos reposan maravillosos fudres de castaño que han visto pasar por sus entrañas cientos de vendimias, donde se hacía el albariño de la forma tradicional, es decir, fermentado y conservado en tinos y fudres de madera, que sólo era nueva el primer año. Pero además, en un rinconcito, hay un botellero con botellas de albariño casero, sin etiquetar...de más de 30 años! Algún lector de este blog lo ha probado, y creo que la alegría bailó en sus pupilas. Ya marchándonos de los dominios de esta gran mujer, mis ojos se fijaron en otro pequeño tesoro escondido junto al muro de piedra: un puñado de fresas silvestres que no pude resistir a que acabaran en mi mano y en mi boca, deleitándome con esos deliciosos olores y sabores que me traen recuerdos de la infancia, y que cada vez es más difícil volver a encontrar.
Inox, tinos, fudres...
200 años
Historia
Tras visitar otros viñedos, algunos tan cerca del mar que la influencia de las mareas marca claramente la personalidad de sus uvas y vinos, rumbo a las nuevas instalaciones de Forjas del Salnés, situadas ya en el término de Cambados.
Unas instalaciones cómodas y coquetas, luciendo aún aspecto de estreno, alberga los instrumentos de alquimia de Rodri. Viejos tinos de roble, barricas de distintos tamaños, orígenes y edades, y el inevitable acero inoxidable, son las herramientas con las que Méndez busca, y a fe que lo logra, volver al origen del "albariño"; retomar, con gran calidad, la elaboración de tintos en las Rías Baixas; hacer que sea moderno y actual lo que hacían ya sus ancestros.
Pudimos hacernos una idea de todo lo que allí se cuece probando directamente de las barricas de lo que será la añada 2011 de Sketch (mineralidad, salinidad, amplitud); Loureiro, Espadeiro y Caiño (acidez atlántica, fruta a raudales, personalidad) y Leirana Finca Genoveva (acidez, fruta, cuerpo, sentimiento). Pero también pudimos probar otras joyas, como unas barricas de albariño pisadas con los pies, con y sin raspón, y que a la fecha de publicar esto ha salido al mercado como Leirana Cos Pés 2011; y lo que yo esperaba con ansia, probar esa Pinot Noir de Rodri, que aún reposa en barricas usadas, y que es discreta, elegante, sutil, frutal y misteriosa. Puede dar mucho que hablar.
Tras este extenso recorrido por sus hijos (catamos de todo, con raspón, sin raspón, a medio despalillar; distintos toneleros, distintas edades de barrica...), pasamos ya a catar algo embotellado. Empezamos con Leirana 2010 (Do Rías Baixas, blanco joven 100% Albariño, Forjas del Salnés), vino de bonito color amarillo pajizo claro, con nariz intensa y franca de piel de manzana, fruta de hueso, algo herbáceo y mineral; y con un paso por boca lleno, fresco, de muy buena acidez, y con un final amargoso y mineral. Un albariño que huele y sabe a albariño. Seguimos con uno de esos experimentos que Rodri y Raúl se traen entre manos, Sketch 2010 (Vino de Mesa, blanco con crianza 100% Albariño, Raúl Pérez Viticultor); se muestra de color amarillo tirando a dorado, con reflejos oro pálido; aromas de buena intensidad a fruta blanca, flores, mineral y salino; en boca, fresco, algo glicérico, con presencia y un final marcadamente salino muy agradable. Terminamos con una verdadera joya enológica obra de Raúl Pérez, y que para desgracia de los pobres mortales, no se comercializa; se llama Rosario 2007, y en su elaboración, entre otras, entran Moscatel, Riesling y Gewürztraminer. Es uno de los vinos dulces más impresionantes que he probado nunca. Intensos aromas a pétalos de rosa, amielados, orejones; mostrándose en boca con un dulzor delicioso, compensado con buena acidez, miel, fruta escharchada. Sencillamente delicioso, y un gran fin de fiesta a la visita.
Tres vinazos
Forjas del Salnés
Albariño eterno
Más allá de los vinos, las barricas o las uvas, está la persona. Y Rodrigo Méndez es de esas personas a las que apetece volver a ver. Humilde, sincero, honesto, mostrando lo que hay y por qué, e intentando volver a las raíces de unos vinos a los que ama.
Un auténtico placer haberte conocido, Rodri. Nos queda pendiente esa comida y la vertical de Leirana.