martes, 28 de octubre de 2014

[yellow tail]: Australia en el Hipermercado

De vez en cuando me gusta darme una vuelta por los lineales de vinos de las grandes superficies para ver lo que hay. A veces se encuentra uno con alguna sorpresa agradable en forma de un vino interesante a buen precio, pero esta vez no ha sido el caso.
La familia Casella llegó a Australia procedente de Sicilia en 1957, llevando consigo la experiencia de varias generaciones de productores de vino. En 1965 adquirieron unos terrenos cerca de la población de Yenda, en las afueras de Griffith en Nueva Gales del Sur, y empezaron su labor de viticultores. En 1969 fundaron la bodega Casella Wines, y en 2001 lanzan la marca de vinos [yellow tail].
La filosofía detrás de la marca [yellow tail] es la de ofrecer vinos sencillos y de precio asequible, orientados a quien quiere disfrutar de una copa de vino con los amigos sin mayores complicaciones. Actualmente los vinos de esta marca pueden encontrarse en 50 países, siendo el mayor exportador australiano de vino. La gama [yellow tail] incluye más de 30 vinos, desde espumosos hasta los más serios Reserve, e incluso una sangría.
De una de mis visitas a una gran superficie se vinieron conmigo a casa dos vinos de esta marca, el Merlot y el Shiraz.
[yellow tail] Shiraz 2012 (Nueva Gales del Sur, Australia; tinto joven 100% Shiraz, Casella Wines)
se elabora fermentando las uvas en contacto con roble y permitiendo una cierta elevación de la temperatura con la intención de lograr una mayor extracción de tanino y color. Se trata de un vino de color granatoso, de capa baja, muy limpio. En nariz es intensamente espaciado, con fruta negra que va dando paso a una fruta más roja y recuerdos de ceniza. En boca es ligero y frutal, con un sabor rico y un tanino muy delicado. Tiene una nariz interesante y un sabor agradable, pero no pude evitar tener la sensación de que me estaba bebiendo algo artificial.
[yellow tail] Merlot 2012 (Nueva Gales del Sur, Australia; tinto joven 100% Merlot, Casella Wines) se elabora de forma similar al Shiraz. Es un vino de color rubídeo granatoso de capa baja. En nariz es licoroso, con fruta dulzona, maderas y un ligero especiado. El paso por boca es ligero, frutal, con buena acidez y algo secante al final. Me gustó más que el Shiraz, pero tampoco me dijo gran cosa.
En resumen, dos vinos de los que desconozco detalles de su elaboración, y no sé si quiero conocerlos. Podrían tener un pase como vino de diario, sobre todo el Merlot, pero yo no creo que repita.

domingo, 26 de octubre de 2014

Uvas Nómadas 2013: Garnacha de Ávila

Elisa de Frutos y Rubén Salamanca son los responsables de Vinos Malaparte, una pequeña bodega fundada en 2004 Cuéllar, Segovia, y elaboran vinos a partir de 3,5 Ha de viñedos propios plantados con Tempranillo, Syrah y Moscatel de grano menudo.
En 2013 se embarcan en un nuevo proyecto: elaborar vinos en otras regiones de la geografía nacional y con distintas castas, utilizando el sistema de crowfunding o micromecenazgo para la financiación. Llaman a este proyecto “Uvas Nómadas” y en su primera edición deciden vinificar unos 1500 Kg de Garnacha de Ávila para producir un total de unas 1300 botellas.
El viñedo finalmente elegido es un viejo viñedo de Garnacha plantada en suelo granítico muy pobre en el paraje de Robladillo, localizado en Cebreros. Vendimia manual el 5 de Octubre, fermentación alcohólica en barricas usadas de roble de 300 litros con levadura autóctona, maloláctica y crianza de 6 meses en las mismas barricas. Estabilización por el propio frío segoviano, clarificación con clara de huevo y embotellado sin filtrar el 27 de agosto de 2014. La producción total fue de 1353 botellas, etiquetadas con un diseño en el que se nos pidió nuestra opinión a quienes participamos en el proyecto, a quienes se nos dio asimismo la oportunidad de incluir en la etiqueta una palabra de nuestra elección.
Por fin, las botellas que nos correspondían a cada micromecenas llegaron a casa acompañadas de la camiseta conmemorativa del proyecto, y después de unos días de reposo en la vinoteca no pude resistirme y esperar más tiempo para empezar a probarlas.
Al descorchar y servir Uvas Nómadas 2013, nos encontramos en la copa con un vino de un precioso color picota de capa media, con reflejos amoratados, muy brillante y atractivo. La nariz es de buena intensidad, sugerente, muy floral de entrada, con recuerdos de matorral y frutos rojos y con interesantes notas terrosas. En boca el vino tiene una acidez fresca, que ayuda a compensar los 15,5º que tiene y que se notan pero sin molestar en absoluto; es frutal, sedoso, de buen trago y muy rico. Apetece beber una copa tras otra.
Un proyecto muy interesante y en el que me ha encantado participar. La siguiente aventura es Uvas Nómadas 2014, y el reto es elaborar un vino joven con Tinta de Toro. Yo ya me he apuntado, y os invito a todos a participar con vuestro mecenazgo.

domingo, 19 de octubre de 2014

Curso de Quesos del Mundo y sus Maridajes (II)

El viernes pasado asistimos en Bodega Selección de Alicante a la segunda jornada del curso de quesos del mundo y sus maridajes. En esta ocasión la propuesta fue viajar al norte de España para probar quesos de Galicia, Asturias, Navarra y Castilla León, con un invitado especial de las islas Baleares. Así, probamos un queso de tetilla gallego (leche de vaca, pasta blanda), un queso zamorano (curado, leche de oveja), Idiazábal (Navarra, curado y ahumado de leche de oveja), Cabrales (queso azul, Picos de Europa) y un balear queso de Mahón (leche de vaca, pasta prensada).
Para explorar el maridaje con los quesos se nos presentaron 4 vinos. Divinus 2006 (DO Pago Guijoso, blanco con crianza 1005 Chardonnay, Sánchez-Muliterno) es un vino de color amarillo dorado, con una nariz rebosante de ahumados y frutos secos, que dejaba aparecer algo de fruta en segundo plano, con alguna nota de oxidación, y que en boca se mostró seco, con una acidez correcta, alguna nota cítrica de pomelo y de nuevo frutos secos; no es un vino que me entusiasme, al menos no con esta edad. El rosado de la sesión fue el Parató Rosado 2013, un rosado de Pinot Noir del que ya hablamos en una anterior entrada. Galicia estuvo representada por la Ribeira Sacra, con el Regina Expresión 2009 (DO Ribeira Sacra, tinto con crianza 100% Mencía, Regina Viarum), de color picota de capa alta, algo apagado, con ribete granatoso; en nariz torrefactos, fruta muy madura y algún barniz, y en boca secante, marcando las notas ahumadas; no me entusiasma este vino. La región levantina estuvo representada por un tinto jumillano, Equilibrio 4 2013 (DO Jumilla, tinto roble 100% Monastrell, Bodegas Sierra Norte), con un color picota brillante muy bonito, con ribete violáceo; floral, fruta muy madura y quizá algo de regaliz, y en boca amargos, seco, frutal y de buena acidez; está bien sin ser espectacular. Y ya pensando en el cabrales, teníamos un generoso, Aranda Cream (DO Denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry - Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda - Vinagre de Jerez; generoso dulce, Palomino y Pedro Ximénez, Álvaro Domecq), vino de color ámbar oscuro de capa baja, con una nariz punzante, plena de yodados y avellanas tostadas y con un buen dulzor en boca, pero nada empalagoso, marcando la parte de fino que tiene.
El Chardonnay fue el vino propuesto para maridar con el queso de tetilla, pero en mi opinión la potencia del vino se lleva por delante al queso, aunque al final dejan en boca una sensación agradable. Con el queso de Mahón se resalta la acidez del vino y se llevan muy bien; rica combinación. La unión con el queso zamorano resulta en un encuentro potente pero agradable, igual no para todos los paladares, pero que a mi me ha gustado mucho. Con el Idiazábal de nuevo una conjunción potente, pero el ahumado del queso no me va muy bien con el ahumado del vino.
Pasamos a probar los maridajes con el Pinot Noir vinificado en rosado. El tetilla y el rosado catalán se llevaron bien, frutosidad + grasa que se conjuntan y donde la acidez del vino limpia la boca para otro bocado; bien. Con el queso balear, se crea un agradable amargor en boca, con una buena conjunción de frutosidad y sabor del queso, me gustó. El queso de Zamora es muy potente para este vino, se desvirtúan los dos, no se llevan bien. Con el queso navarro, de nuevo potencia y ahumados del queso que hacen desagradable el vino; no.
El tinto gallego se propuso como complemento al queso zamorano. Con el tetilla, el vino hace que el queso desaparezca totalmente, no hay color. Con el queso de Mahón se dejan querer, pero no es una combinación que yo elegiría. Bien con el queso para el que se había escogido, el de Zamora, buena potenciación de sabores y persistencia. No está mal con el Idiazábal, pero se potencian mucho los ahumados del queso; se deja combinar pero nada más.
El último vino tranquilo, el Monastrell jumillano, era el propuesto para el queso de Idiazábal. Con el queso de tetilla no combinan para nada, mucho amargor en boca y desaparición del queso; definitivamente no. La cosa mejora algo con el queso de Mahón, pero siguen apareciendo unos amargores desagradables. No me entusiasmó la combinación con el queso zamorano, aunque mejoran algo las sensaciones en boca al cabo de un rato. Bastante bien con el queso de Idiazábal, los ahumados del queso hacen resaltar la fruta del vino; bien.
Por último, esa maravilla de queso que es el Cabrales. En este caso un Cabrales artesano que estaba sencillamente delicioso y del que no me pude resistir a traerme a casa un par de cuñas. Ni intentar maridarlo con otro vino, así que fuimos directamente a por el Cream, y el resultado fue fantástico para mi gusto; al ser un vino algo más seco que por ejemplo un Pedro Ximénez, se conjuntaba muy bien con el queso, y aunque se mantenía la potencia del Cabrales, la texturas y sabor en boca eran deliciosos. Muy buena recomendación.
Muy interesante sesión, con mejores quesos que vinos e interesantes resultados de armonías.