miércoles, 30 de enero de 2013

Gran Champagne de Camille Savès

La familia Savès vive en Bouzy desde 1894. Eugène Savès, ingeniero agrícola, funda la maison tras contraer matrimonio con Anaïs Jolicoeur, hija de un bodeguero de la zona. Posteriormente, Louis y Camille se han hecho cargo de la casa, hasta que en 1982 toma el relevo Hervé, hijo de Camille y cuarta generación de la familia.
La maison Camille Savès posee unas 10 Ha de viñedo con una edad media de 35/40 años, en las localidades de Bouzy, Ambonnay y Tours-sur-Marne (Grand Cru) y Tauxières (Premier Cru). La viticultura que practican intenta respetar al máximo las tradiciones de la champaña, y en la fincas utilizan fertilizantes naturales, mantenimiento y labranza del suelo y control de pestes mediante depredadores endémicos. Elaboran 7 cuvées de espumosos, y un tinto tranquilo 100% Pinot Noir.
El champagne que quería para la cena con la que celebramos hace unos días el cumpleaños de la otra mitad de esta casa, debía tener la presencia y elegancia adecuadas para acompañar los ibéricos, quesos y patés que iban a desfilar por la mesa, así que recordando lo que me había comentado Santi de Coalla Gourmet al adquirir este espumoso, decidí llevarlo a la mesa en esta ocasión.
El Champagne Camille Savès Brut Carte d'Or (AOC Champagne, 75% Pinot Noir, 25% Chardonnay, Camille Savès) se elabora con uvas procedentes de viñedos clasificados Grand Cru, situados en Bouzy. Viste de un interesante color amarillo intenso, donde quiere asomar la gama más pálida del rosado, entre reflejos dorados y una burbuja muy fina y elegante. De aroma intenso, donde se notan la crianza y las lías, con recuerdos de miel de níspero, mantequilla, algo de bollería y con la Pinot Noir sobrevolando por encima del conjunto. En boca es un vino cremoso, lleno, de buena acidez, con un carbónico elegante y recuerdos de frutos rojos.
Un champagne que no se anda con tonterías, con mucha presencia, quizá mínimamente menos seco de lo que me gustan los espumosos, pero desde luego un gran champagne, del que seguro que me intento hacer con más botellas. Para enfrentarle sin dudas a una comida completa, platos contundentes incluidos.

sábado, 26 de enero de 2013

Un Tinto de Mar

Eso reza en la etiqueta de este vino, y realmente hace honor a ella.
En la provincia de Pontevedra se elaboraban histórica y tradicionalmente vinos tintos, con variedades propias como la Espadeiro, Brancellao o Sousón. Solían ser vinos de capa muy alta, muy frutales, pero con una acidez muy elevada que desequilibraba el conjunto. Esto, y el boom de los blancos frutales y aromáticos elaborados con Albariño, han hecho que los tintos de las Rías Baixas fuesen prácticamente olvidados durante mucho tiempo.
Algunos productores con cierto grado de locura y tozudez, han decidido embarcarse en la recuperación de estas variedades autóctonas de la zona. Entre ellos, Rodrigo Méndez, de quien ya hemos hablado aquí, y que para los lectores habituales de este blog, y la mayoría de los aficionados, no necesita más presentaciones.
La Loureiro Tinto (Loureira Tinta, Loureiro Tinta, "Rompetinallas") es una de estas variedades autóctonas gallegas. Plantas de alto rendimiento si no se controlan, con bayas redondeadas y de pequeño tamaño, que dan origen a vinos aromáticos y de gran calidad. Debido a la escasa superficie que ocupa, suele emplearse poco para elaborar monovarietales. Actualmente es una de las uvas tintas recomendadas en la Comunidad Autónoma de Galicia y una de las uvas tintas preferentes según el reglamento del CRDO Rías Baixas.
Con uvas de esta casta, de viñedos muy viejos, elabora Rodri en Forjas del Salnés este Goliardo Loureiro 2010 (DO Rías Baixas, tinto con crianza 100% Loureiro Tinto, Forjas del Salnés). Fermentación alcohólica en acero, maloláctica en barricas de roble francés de tercer o cuarto año, y crianza en estas mismas barricas durante unos 14 meses.
Estamos ante un vino de un precioso color picota intenso, muy vivo, con joven ribete violáceo. La intensidad aromática no es muy alta (o mi nariz no andaba muy sensible), y nos muestra un carácter muy floral, percibiéndose algo de aromas de raspón y juraría que llegó a mi nariz algún recuerdo de aguardiente blanca, de la que tan buenos ejemplos se elaboran en El Salnés. Al cabo de un par de días, aparecen en nariz además frutas maduras y algo de cacao muy al fondo (no decanté, pero recomiendo un buen jarreo). Si la nariz es atractiva, en boca se desmelena. Acidez fresquísima, muy buena presencia, de nuevo esos recuerdos florales y vegetales, y un tanino que aún puede integrarse más, pero que no molesta en absoluto. Delicioso.
Sibaritastur me pregunta si le quité los pañales a esta botella antes de beberla. Yo creo que estamos ante una de las mejores expresiones que he probado de un vino atlántico, fresco, vivo, con nervio, que puede conjuntarse algo más con el tiempo, pero que a mí personalmente me gusta casi más disfrutar así.

sábado, 19 de enero de 2013

Vinos, Emociones y un Barbera d'Alba

El vino es capaz de provocar sensaciones y evocar recuerdos. Y no me refiero a beber según qué cantidades, si no a cómo un sorbo de vino puede hacernos recordar un momento especial, o la forma en que puede despertar en quien lo bebe alegría, nostalgia, bienestar o desasosiego. Hace poco comentaba esto con Joan Gómez (este sí que sabe provocar y transmitir sensaciones) y casualmente, un par de días después, con Marí@ Gastronomía.
No se por qué, pero leyendo un post de Joan acerca de una botella de Malbec argentino, me vino a la cabeza la primera vez que bebí un Barbera d'Alba, hace un par de años en un restaurante de Amsterdam. Imposible hilar como la preciosa descripción que Joan hace de su Malbec me hizo pensar en mi Barbera, pero el caso es que no pude resistirme a sacar de la cava una botella que había viajado conmigo desde Bologna.
La historia de Bersano empieza a finales del siglo XIX, en Nizza Monferrato, el corazón del distrito de Barbera d'Asti, con la filosofía de "si quieres beber bien, hazte con tu propio viñedo". Actualmente poseen más de 230 Ha de viñedos en el Piamonte, y elaboran una extensa gama de vinos.
El Sanguigna 2010 (DOP Barbera d'Alba, tinto con crianza 100% Barbera, Bersano) se elabora con uvas plantadas en suelos calcáreo-arcillosos, y se envejece durante 8 a 10 meses en barricas de roble de Eslavonia. Es un vino de olor cereza rubí, de capa baja, con ribetes donde quiere asomar ya algún teja. En nariz no tiene una gran intensidad, es floral, con una fruta casi más roja que negra, algo especiado y recuerdos de hojas estrujadas o de suelo de bosque en otoño. Cuando entra en boca, nos topamos con un vino delicioso, ligero, suave y frutal, de buena acidez, con algo de cacao en el retronasal y un tanino muy dulce y delicado. Un vino que no se parece a lo que recuerdo de aquel Barbera de Beni di Batasiolo, mucho más profundo, pero que nos gustó mucho, y que nos puso difícil poner el WineSaver y no acabar la botella.
No se cómo de la Malbec saltamos a la Barbera, pero saboreando una copa de éste último, recordé una cena entre amigos, en una terraza de la zona antigua de Bologna, y en la que lo pasamos estupendamente. Y donde sólo bebimos lambruscos y Vino Nobile de Montepulciano, desde luego nada piamontés. Y se me puso una sonrisa en los labios.

domingo, 13 de enero de 2013

Visitando Albamar

Hace ya casi 10 años, un grupo de compañeros de trabajo decidimos organizar una mariscada. A mí me tocó encargarme del vino, por lo que pedí a mi padre que me comprase y enviase una caja de "albariño", que para eso tiene uno la familia en Arousa. El vino en cuestión era un albariño "da casa", sin etiquetar, elaborado por una familia cambadesa, y que estaba buenísimo. La mariscada al final no se hizo, pero a todo el mundo le encantó el vino; de hecho, volví algunas veces a comprar más botellas. La familia que elaboraba aquel vino era la familia Alba Padín, y actualmente ese vino es el básico de Bodega Albamar.
Bodega Albamar existe como tal desde 2006, año en el que sale al mercado la primera añada llevando la contraetiqueta de la DO Rías Baixas. Actualmente está bajo la dirección de Xurxo Alba Padín, quien una vez acabados sus estudios de enología e industrias agrarias y alimentarias, se hace cargo de dirigir la bodega tras tomar el relevo a su padre.

El pasado día 5 de enero, tras un par de mails, muchos whatsapp y algunas llamadas de teléfono, logramos quedar con Xurxo para visitar lo que es ahora Bodega Albamar.
Saludos de rigor, subida a la furgoneta, y camino hacia los viñedos. Albamar tiene actualmente en  propiedad 2 Ha de viñedo, repartidas en distintas parcelas, con varios tipos de suelo, localización y orientación. En la parcela más grande, que está a unos escasos 200 o 300 metros del mar, Xurxo ha logrado plantar cepas en espaldera, que cree que es la mejor forma de asegurar la aireación e insolación adecuadas en una zona tan húmeda y lluviosa. Digo ha logrado porque tuvo que luchar contra la oposición frontal de su padre, que no veía nada claro eso de abandonar el clásico emparrado gallego. De hecho, las hileras de cepas están más separadas de lo normal, para que, como dijo quien se encargó de preparar la plantación, "cuando todo esto fracase, puedas completar el emparrado". Además, Albamar compra uva a otros viticultores, fundamentalmente miembros de la familia o amigos de confianza. El recorrido por los viñedos nos permitió tener una interesante charla sobre la idiosincrasia minifundista gallega, y sobre cómo es casi imposible tener el viñedo en una o dos fincas, ya que nadie está dispuesto a vender tierras, aunque no las utilice. Si en Albamar quisieran vinificar por separado cada parcela, necesitarían más de 30 depósitos.
Ya en las instalaciones de la bodega, Xurxo nos cuenta que en general no despalilla, usa un prensado suave, fermenta en acero inoxidable bien con pie de cuba o bien con siembra de levaduras, deja que los vinos hagan maloláctica, y luego les va dando lo que necesitan. Trasiegos, paso a barrica, removido de lías, tiempo de permanencia en depósito...todo se suele hacer por cata y según va pidiendo el vino. No hay recetas fijas. "El vino es un ser vivo, cambia, evoluciona, dice cosas, y hay que darle lo que necesita". Esa es la filosofía de este elaborador.
La visita a la bodega fue una auténtica lección de enología. Pudimos comprobar como las mismas uvas daban origen a vinos tremendamente diferentes. Pudimos apreciar como el tamaño de los depósitos influía de forma decisiva en las características del vino. Vimos que la cercanía del mar y el tipo de suelos daban al vino de algunos depósitos una salinidad clarísima y sorprendente. Aprendimos como el removido o no de las lías causaba diferencias tan grandes que casi podíamos hablar de vinos distintos. Y pudimos comprobar las diferencias entre dos barricas distintas y como aportan matices tan diferentes al vino que contienen.
Catamos de todos los depósitos y barricas de lo que van a ser los vinos de la añada 2012, Albamar, Pepe Luis y Alma de Mar. Acidez muy viva, salinidad, fruta fresca y mucha vida. Probamos además un depósito de la añada 2010 que Xurxo guarda para ver como evoluciona, y que está interesantísimo, untuoso, amielado conservando acidez, lleno. Catamos un depósito de Albamar 2011 que aún no se ha embotellado, y que muestra un vino más evolucionado, más sereno, pero aún con nervio. Para terminar, una curiosidad enológica que no había probado nunca, vino de fango. Una vez desfangado el mosto, Xurxo coge esos fangos, los prensa, y los deja fermentar. El resultado es un vino curiosísimo y potente, que en nariz recuerda a una mezcla de Verdejo y Sauvignon Blanc, pero que en boca marca su origen albariño. Tengo que reconocer que nunca había aprendido tanto en un sólo día visitando una bodega.

Pasamos a uno de los sitios que no hay que perderse cuando se visita a Albamar, la sala de comidas donde se puede disfrutar de las maravillas que salen de las manos de esa enorme cocinera que es la madre de Xurxo, la señora Mª Isabel. En esta ocasión habíamos quedado luego para comer, así que sólo picamos algo rápido para acompañar a los vinos que íbamos a catar. Unos mejillones al vapor soberbios y una maravilla de queso que era desconocido para mí: un espectacular queso curado de la DO Arzúa Ulloa, que pasa por ser el "parmesano" gallego, y que se ha llegado a vender como tal en Italia. Impresionante.
Ya a la mesa, nos dispusimos a catar los vinos ya embotellados. Empezamos por el básico de la casa. Fermentación en acero inoxidable, sin hacer maloláctica (en 2011 no arrancó) y 5 meses de reposo con sus lías finas, sin removido, crean Albamar 2011 (DO Rías Baixas, blanco con crianza sobre lías, 100% Albariño). De color amarillo alimonado, con reflejos verdosos y algún dorado. Nariz franca y agradable, muy varietal, con piel de manzana, algo de cítricos y flores blancas. En boca, fresco, frutal, con muy buena acidez y un leve amargor final. Muy rico, de trago largo y para beberse botellas simplemente charlando con amigos.
Con uvas de una única parcela situada muy cerca del mar, fermentación en acero, posterior crianza en acero durante 6 meses con removido de las lías finas y reposo de 3 meses en botella antes de salir al mercado, se elaboró Alma de Mar 2011 (DO Rías Baixas, blanco con crianza sobre lías, 100% Albariño). De color amarillo pajizo, brillante, con reflejos alimonados y dorados. Nariz de muy buena intensidad, con aromas de frutas blancas, cítricos, recuerdos de la crianza con sus lías y alguna nota avainillada. En boca es un vino elegante, con presencia, algo graso, de buena acidez, con un final salino muy interesante. Un vino de beber con calma, disfrutando y dejando que se expresen sus detalles.
Pasamos al tercer blanco de la bodega, un vino que a mí me encantó. Bayas procedentes de una única finca cercana al mar. Cuando está a punto de finalizar la fermentación alcohólica, el vino se pasa a barricas de roble francés de 500 litros de varios vinos. En estas barricas reposa 9 meses, con battonage durante los 3 primeros. Luego de estos 9 meses, se trasiega a acero, se clarifica y se pasa a botella, en la que reposa otros 4 meses antes de salir a la calle. Pepe Luis 2011 (DO Rías Baixas, blanco con crianza 100% Albariño) es un vino de color amarillo pajizo de reflejos dorados claros, muy bonito. Nos da en nariz recuerdos acaramelados, flores blancas (jazmín), cítricos y algo de tropicalidad suave. En boca es intenso y agradable, notándose la aportación de la barrica pero sin dejar de ser fresco, bastante lleno y de gran final. Producción muy escasa, de sólo 1000 botellas, de un auténtico vinazo que, junto a otros como El Palomar de Zárate, me dicen que el uso juicioso de la barrica usada no le viene nada mal a un Rías Baixas de calidad.
Terminamos la cata con un tinto. Albamar elabora en zona de Chantada un tinto monovarietal de Mencía. Un vino elaborado tras despalillar, fermentado en acero, clarificado y filtrado. Fusco 2011 (DO Ribeira Sacra, tinto joven 100% Mencía) es un vino de color cereza de capa media, con ribete violáceo. Nariz muy agradable, con mucha fruta roja, notas vegetales, de tierra húmeda y recuerdos ahumados aunque no ha tocado la madera. En boca es fresco, alegre y frutal. Un vino jovial, que no busca nada más (pero tampoco nada menos) que ser un Mencía joven y típico, y que lo logra con holgura.
En resumen, un fantástico día, con una persona con la que se podrían pasar horas y horas hablando del vino, porque es un auténtico apasionado. Del que se aprende mucho, y que está haciendo unos vinos de muchísima calidad. Encima, va por ahí ganando concursos.
Gracias, Xurxo, por el día que pasamos. La próxima vez haremos los honores como dios manda a la cocina de tu madre.

jueves, 3 de enero de 2013

Nochevieja y Sus Vinos

Segunda noche grande de las fiestas decembrinas, y segunda elección de vinos. En esta ocasión, la cena tuvo lugar en casa de mi hermana, que como siempre, se esmeró y sacó tiempo no se muy bien de donde, para deleitarnos con un montón de platos a cada cual mejor.
Empezamos la noche, como otras veces, con ese delicia de espumoso dulce que viene de la región piamontesa de Asti. El Moscato D'Asti Bera 2011 (DOCG Moscato D'Asti, espumoso dulce 100% Moscato Bianco, Vittorio Bera e Figli) es un vino de color amarillo pajizo claro, con burbujas algo irregular; en nariz, intenso y franco, con piel de uva bien marcada y ciruela claudia; en boca, buena intensidad, dulzor agradable compensado con el frescor de la acidez y del carbónico. Uno de los mejores moscatos que he probado.
Pasamos al albariño, que no puede faltar en una mesa gallega que se precie cuando aparecen los frutos del mar. En esta ocasión descorchamos Sin Palabras 2011 (DO Rías Baixas, blanco joven 100% Albariño, Adegas Castrobrey), un albariño de la subzona del Ulla con unos meses de reposo en depósito de inox. Se mostró a la vista de color amarillo pajizo con algún reflejo verdoso. En nariz es agradable, de buena intensidad, donde aparecía fruta de hueso, piel de manzana, alguna punta cítrica y fondo herbáceo. En boca, agradable, frutal, con buena presencia, acidez justa para quienes últimamente buscamos en los monovarietales de albariño una acidez que nos marque bien las encías, y un final amargoso. Agradable para ser un 2011, añada de toneladas de uva de calidad muy desigual.
Con la carne hizo su aparición en la mesa un tinto que nunca había probado, y en cuya adquisición me guió un poco Juan de elSumiller.esGorvia 2008 (DO Monterrei, tinto con crianza, 90% Mencía, 5% Bastardo y 5% Caiño redondo; Quinta da Muradella) es un vino de color picota granatoso con ribete entre violáceo y rubí. Nariz de buena intensidad, en la que aparecieron en primer plano notas avainilladas, que enseguida dejaron paso a aromas vegetales, bosque húmedo y fruta roja y negra madura. En boca se reveló como un vino amable, muy redondo, de acidez correcta, con un punto dulzón en algunos sorbos, frutal y con un buen final. Mejor al día siguiente, lo que me hace pensar en que para otras veces lo jarrearé algo antes de servirlo.
Con los brindis tras la uvas, volvieron las burbujas, esta vez de la mano de un viejo conocido, el Champagne André Clouet Grande Réserve Grand Cru (AOC Champagne, blanc de noirs 100% Pinot Noir, André Clouet). De color amarillo dorado pálido, con un perlaje muy fino, continuo y elegante. Nariz de intensidad media, con brioche y algo de avellana, sobre un fondo sutil de frutos rojos que lo envuelve. En boca, suave, algo cremoso, con dejes de esas frutas rojas que se anunciaban en nariz. Muy agradable.
Bera un moscato delicioso, Sin Palabras correcto, Gorvia para probarlo más veces, y André Clouet, cumplidor como siempre. Cuatro buenos vinos que sirvieron para despedir el 2012 y recibir, con cierto miedo, hay que decirlo, el 2013.