sábado, 19 de enero de 2013

Vinos, Emociones y un Barbera d'Alba

El vino es capaz de provocar sensaciones y evocar recuerdos. Y no me refiero a beber según qué cantidades, si no a cómo un sorbo de vino puede hacernos recordar un momento especial, o la forma en que puede despertar en quien lo bebe alegría, nostalgia, bienestar o desasosiego. Hace poco comentaba esto con Joan Gómez (este sí que sabe provocar y transmitir sensaciones) y casualmente, un par de días después, con Marí@ Gastronomía.
No se por qué, pero leyendo un post de Joan acerca de una botella de Malbec argentino, me vino a la cabeza la primera vez que bebí un Barbera d'Alba, hace un par de años en un restaurante de Amsterdam. Imposible hilar como la preciosa descripción que Joan hace de su Malbec me hizo pensar en mi Barbera, pero el caso es que no pude resistirme a sacar de la cava una botella que había viajado conmigo desde Bologna.
La historia de Bersano empieza a finales del siglo XIX, en Nizza Monferrato, el corazón del distrito de Barbera d'Asti, con la filosofía de "si quieres beber bien, hazte con tu propio viñedo". Actualmente poseen más de 230 Ha de viñedos en el Piamonte, y elaboran una extensa gama de vinos.
El Sanguigna 2010 (DOP Barbera d'Alba, tinto con crianza 100% Barbera, Bersano) se elabora con uvas plantadas en suelos calcáreo-arcillosos, y se envejece durante 8 a 10 meses en barricas de roble de Eslavonia. Es un vino de olor cereza rubí, de capa baja, con ribetes donde quiere asomar ya algún teja. En nariz no tiene una gran intensidad, es floral, con una fruta casi más roja que negra, algo especiado y recuerdos de hojas estrujadas o de suelo de bosque en otoño. Cuando entra en boca, nos topamos con un vino delicioso, ligero, suave y frutal, de buena acidez, con algo de cacao en el retronasal y un tanino muy dulce y delicado. Un vino que no se parece a lo que recuerdo de aquel Barbera de Beni di Batasiolo, mucho más profundo, pero que nos gustó mucho, y que nos puso difícil poner el WineSaver y no acabar la botella.
No se cómo de la Malbec saltamos a la Barbera, pero saboreando una copa de éste último, recordé una cena entre amigos, en una terraza de la zona antigua de Bologna, y en la que lo pasamos estupendamente. Y donde sólo bebimos lambruscos y Vino Nobile de Montepulciano, desde luego nada piamontés. Y se me puso una sonrisa en los labios.

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