sábado, 30 de noviembre de 2013

Cata de los vinos de Bodegas Numanthia. Un Lujo.

El pasado jueves tuve la oportunidad de asistir a una de las catas especiales que Bodega Selección de Alicante está realizando con motivo de su primer aniversario. Una cata restringida a sólo doce personas que fueron invitadas personalmente por los responsables de la enoteca, a los que agradezco sinceramente el haberme permitido participar en ella.
Bodegas Numanthia nace allá por 1998 de la mano de la familia Eguren, con dos hermanos, Marcos y Miguel, decididos a obtener el mejor vino posible, la máxima expresión de la fantástica casta Tinta de Toro. Tras los 100 puntos otorgados por Jay Miller a Termanthia 2004, la bodega acabó siendo adquirida por el grupo de lujo LVMH.
La Bodega posee actualmente unos 50 Ha de viñedo en propiedad y controlan otras 50 Ha, repartidas casi en 100 propiedades, en localizaciones que conforman unos 5 terroirs bien definidos plantados todos ellos con Tinta de Toro y con cultivo 100% ecológico no certificado. Las cepas van desde los 35 hasta los más de 100 años de edad, habiendo varios viñedos prefiloxéricos y viñedos cuya historia se puede certificar hasta 1939 o incluso 1920. Pero, como nos dijo Daniel del Río, uno de los enólogos de la bodega a cargo de las viñas, en esta zona no se conoce la edad de muchos de los viñedos, si no cuántas generaciones de la familia han pasado desde que se plantó.
Poseen además un pequeño viñedo de 4,7 Ha situado en Argujillo, a unos 850 metros de altitud, con suelos arenosos y pedregosos, y cepas de más de 120 años, que es la joya de la corona de la casa, y que da origen al vino más famoso de la bodega.
Cada uno de los 5 terroirs que la bodega identifica como distintivos se vinifica por separado atendiendo a sus peculiaridades. Se deja arrancar la fermentación con levadura indígena, y luego se siembra con levadura seleccionada neutra. Se utiliza siempre roble francés, de distintos toneleros y tostados, salvo para Termanthia, en el que se utilizan barricas de un único tonelero, y que tienen unas características particulares.
Además de la indudable calidad de los vinos, si algo tuvo de especial esta cata fue la presencia del ya mencionado Daniel, enólogo responsable de los viñedos de la bodega, y un apasionado de la viña, del terroir, de respetar el trabajo de la naturaleza y de dejar que sea ésta la que se exprese en el vino. Tras la fantástica introducción de Daniel, entramos en materia y pasamos a catar los tres vinos que elaboran en Bodegas Numanthia.
Empezamos con Termes 2010 (DO Toro, tinto con crianza 100% Tinta de Toro), el vino elaborado a partir de las cepas más jóvenes, con una media de unos 30 - 35 años. Fermentación en acero, para luego pasar sin sulfitar a barricas donde reposa unos 7 meses y hace la maloláctica, pasando luego a barricas de 2º año con una proporción variable de barrica nueva, donde hace una crianza de unos 16 meses y llegado el momento se embotella sin filtrar. Se trata de un vino de color rubídeo, de buena capa, con un ribete rubídeo granatoso. En nariz es intensamente frutal, con piel de uva, frutas negras, hierbas de monte (tomillo) y balsámicos. En boca es un vino seco, aún bastante tánico, de buena presencia, frutal y de buen final. Mejoró con el tiempo en copa, domándose un poco. No demasiado complejo, pero siendo un vino agradable, quedó eclipsado por lo que vino luego. Estará mucho mejor el año que viene.
Pasamos al vino que originalmente era el único que iba a elaborar la bodega. Viñedos con una edad media de unos 100 años, vendimia manual en cajas, fermentación en acero y crianza de unos 19 meses en barricas nuevas para luego embotellar sin filtrar, dan origen a Numanthia 2010 (DO Toro, tinto con crianza 100% Tinta de Toro). De color picota rubídeo de capa media alta, con ribete rubí, muy bonito. Aromas intensos, elegantes y complejos, marcando a copa parada vainilla, cuero y balsámicos, y apareciendo después fruta negra licorosa y tomillo, para evolucionar en copa hacia la aparición de algún barniz y especias. En boca es un vino potente, de buen cuerpo, con una acidez fresca, frutal, carnoso y tánico, pero con un tanino elegante que pulirá muy bien. Un vinazo con mayúsculas que estará en plenitud dentro de unos 5 años.
Terminamos la cata con la joya de la corona de la bodega, el vino de los 100 puntos en la añada 2004. Uvas de un pequeño viñedo de 4,7 Ha, a 850 metros de altitud, con unos 120 años de edad. Termanthia 2010 (DO Toro, tinto con crianza 100% Tinta de Toro) se elabora mediante despalillado manual, fermentación en depósitos troncocónicos abiertos de madera tras pisar la uva con los pies. Paso a barrica nueva durante unos 7 meses sin sulfitar, maloláctica, y paso nuevamente a barricas más nuevas para una crianza de unos 11 a 12 meses. El resultado es un precioso vino de color picota, de capa algo más baja que sus hermanos, con ribete aún algo amoratado; unos colores totalmente distintos a los de los otros dos vinos. Nariz muy intensa, con algo de lácticos, fruta negra, cacao, hierbas de monte y notas minerales. En boca es un vino lleno, frutal, carnoso, fino y elegante, con un tanino dulcísimo impresionante, y un final larguísimo. Un auténtico lujazo de vino, totalmente disfrutable ya, pero que en un par de años puede ser una explosión.
Podríamos concluir, como ya dije en alguna red social, que Termes es frutosidad, Numanthia es potencia controlada, y Termanthia es elegancia y finura. Un muy buen vino y dos auténticos vinazos que reflejan con clase y calidad lo que puede dar de si esta zona vinícola.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Presentación de Bodegas Sierra Norte

Ya conocíamos, y hemos hablado aquí, del vino emblema de Bodegas Sierra Norte, Pasión de Bobal. Ayer por la noche pudimos asistir en Bodega Selección de Alicante a una presentación formal de la bodega, y probar vinos de tres de las gamas que elaboran.
Bodegas Sierra Norte nace oficialmente como bodega en 1999, aunque realmente van ya por la tercera generación de viticultores. Sus viñedos están situados en el extremo noroeste de la comarca de Utiel-Requena, cerca del municipio de Camporrobles, y a 900 metros de altura, lo que otorga a sus vinos unas características que les alejan de lo que se entiende habitualmente por "vinos mediterráneos".
300 Ha de viñedo controlado y 67 Ha de viñedo en propiedad, con distintos tipos de suelo, trabajado totalmente en ecológico por convencimiento, aunque sus etiquetas no lleven ningún tipo de mención, ya que según palabras de los responsables de la bodega, en España esto aún puede hacerte perder consumidores.
De la mano de Manolo Olmo, enólogo y gerente de la bodega, pudimos ayer conocer de primera mano tres de las 7 líneas de vino que elabora la bodega, y que nos dieron una idea bastante clara del resultado de su trabajo.
Empezamos con los blancos probando el Fuenteseca Blanco 2012 (DO Utiel-Requena, blanco joven 80% Macabeo y 20% Sauvignon Blanc), elaborado mediante maceración prefermentativa en frío, fermentación en inox a baja temperatura y una estancia de unos dos meses en depósito de acero con sus lías finas. Tiene un color amarillo pálido con reflejos dorado claro y acerados. La nariz es muy de Sauvigon aunque sólo lleve un 20%, con fruta blanca y tropical muy madura, lichis y algo de hinojo. En boca es seco, con acidez fresca y un mínimo amargor, quizá algo hueco. Mejor nariz que boca.
El segundo blanco de la cata fue el Mariluna Blanco 2012 (DO Valencia, blanco joven 60% macabeo, 20% Chardonnay, 20% Sauvignon Blanc). Maceración prefermentativa en frío, fermentación en inox a 15ºC y reposo de unos dos meses en depósito sobre sus lías. Un vino de un color amarillo alimonado pálido, con reflejos pajizos, muy bonito y brillante. Nariz discreta en intensidad, le costó abrirse, dando inicialmente fruta blanca y tropical, apareciendo con el tiempo en copa cítricos, piña y algo de flores blancas. En boca tiene una buena acidez, presencia, es mínimamente graso y bien envolvente. No está mal, muy buena evolución en copa.
Pasamos al único rosado de la noche, Pasión de Bobal Rosado 2012 (DO Utiel-Requena, rosado 100% Bobal), elaborado con uvas vendimiadas antes de la plena madurez fenólica, maceración pelicular a baja temperatura para extraer aromas pero no pigmento, fermentación en inox y reposo con sus lías antes del embotellado. Viste de un color frambuesa pálido, con reflejos cobrizos, muy provenzal. Buena intensidad aromática, con fruta roja dulzona (cereza, frambuesa), discreto recuerdo de piruleta y notas florales. En boca es seco, fresco, muy frutal, seco y con un discreto tanino final muy agradable. Va evolucionando en copa, sacando más matices florales y cambiando poco a poco. Muy rico, gustó mucho.
Empezamos los tintos con Fuenteseca Tinto 2012 (DO Utiel-Requena, tinto joven 60% Bobal, 40% Cabernet Sauvignon). Combinación de maceraciones semicarbónicas y maceraciones en frío de cada variedad por separado para un vino de color picota de buena capa, con ribete violáceo. Aromas intensos, dulzones, con cereza muy madura, punto de violetas y fondo de Cabernet. En boca seco, de cuerpo medio, frutal pero con final muy secante que hizo que no me entusiasmara.
El segundo tinto de la sesión fue Mariluna Tinto 2011 (DO Valencia, tinto con barrica 60% Bobal, 20% Tempranillo, 20% Monastrell). Maceraciones prefermentativas en frío, fermentación alcohólica a temperatura controlada y paso a barricas de roble francés donde hace la maloláctica y una crianza de 4 a 6 meses. El resultado es un vino de color picota bien cubierto, brillante, con ribete violáceo. A copa parada dominan los aromas de la madera, pero dan paso rápidamente a fruta roja y negra maduras y a un punto especiado, con el tiempo en copa despliega notas balsámicas. En boca es seco, frutal, de buena acidez y final algo secante bastante largo. No me volvió loco, pero no está mal. Mejoró mucho con tiempo en copa y temperatura.
Terminamos con el vino bandera de la bodega, uno de los vinos que volvió a dar a conocer la Bobal como casta capaz de originar vinos de calidad. Pasión de Bobal Tinto 2011 (DO Utiel-Requena, tinto con crianza 100% Bobal) se elabora con a partir de viñedos de más de 60 años, vendimia manual y esmerada selección de racimos, maceración prefermentativa en frío y breve fermentación alcohólica a bajas temperaturas con levadura indígena; maloláctica y crianza de unos 6 meses en barrica de roble francés de primer año, pero que se ha envinado durante 7 a 10 días con vino blanco. Así tenemos un vino de color picota bien cubierto, con ribete rubídeo granatoso. Nariz elegante y fina, de buena intensidad, especiado y balsámico sobre un fondo de fruta roja y negra y algo de lavanda; con el tiempo notas de monte bajo. En boca es seco, fresco, elegante, con buena acidez, con ahumados en el retronasal y un tanino dulce pero presente. Un vino diferente al de la añada 2009 que ya había probado, pero que sigue gustando mucho. Con complejidad pero fácil de beber.
Podemos decir que estas tres líneas de vinos tienen peculiaridades muy diferentes, que las orientan a distintos consumidores. Fuenteseca son vinos más sencillos y directos, con pocos matices, fácilmente identificables, quizá destinados a un consumidor más esporádico. Mariluna son vinos ya con mas entidad y presencia, que veo orientados a acompañar comidas sencillas y tapeo. Por último, la gama Pasión nos trae ya unos vinos más serios, más complejos, con matices cambiantes, que me hacen pensar en un consumidor más habitual, que disfruta buscando estos detalles en el vino.
Una bodega que hace bien las cosas y con unos vinos, los Pasión, que creo que van a ser habituales en mi vinoteca.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Dos Hombres, Dos Libros

Las mayores satisfacciones que me ha proporcionado este blog son las derivadas de conocer a personas apasionadas del vino, apasionadas de una forma de hacer y entender el vino, y apasionadas además en otras esferas de la vida. Personas a las que en muchos casos sólo conozco de forma virtual, pero que en algunos otros he podido conocer personalmente.
Dos de estas personas, a las que he podido poner cara y voz, y con las que me enorgullezco de haber compartido mesa y mantel, charla y vinos, han publicado con muy poco tiempo de diferencia sendos libros en los que plasman su forma de ver y vivir esto del mundo del vino. Y cuando dos personas a las que respetas, de las que intentas aprender y a las que sigues habitualmente en la red, plasman sus ideas en papel y negro sobre blanco, no se puede dudar ni un momento en hacerse con sus libros.
José Luis Louzán Casáis es un periodista de Cee, apenas a unos metros del fin del mundo, al que conocí primero virtualmente a través de sus blogs, y por fin personalmente en aquella aventura empresarial que la maldita crisis se llevó por delante: La Vitualla, pequeña tiendecita por tamaño, pero enorme en calidad, donde por primera vez entré en contacto con esos otros vinos gallegos que se estaban haciendo, y que apenas se conocían por aquel entonces fuera de Galicia, como los de Dominio do Bibei, Manuel Formigo, Rodrigo Méndez y otros. Además, allí conocí a un tipo que habla sin pelos en la lengua, que sabe mucho de todo lo que se ha cocido y se cuece en el vino gallego, y al que no le duelen prendas en decir lo que piensa, donde sea y a quien sea.
Pues JL, o Louzán como le llamamos en casa, va y escribe un libro: La Revolución del Vino, donde con su verbo suelto y afilado, nos traza un esbozo de la historia del vino gallego, nos lleva de la mano de sus amigos a través de la elaboración de unos vinos auténticos, y nos deja caer como piedra de Porriño, su visión y opinión sobre todo lo que se ha hecho y se hace mal en Galicia y sus denominaciones de origen. José Luis no se corta, da rienda suelta a su pasión y pone de vuelta y media a los que se han encargado de que otros tengamos que oír frases como que "en Galicia no se hacen buenos tintos" o tengamos que tragar con que ciertos Albariños sean la imagen que fuera de las fronteras de la Gallaecia se tiene de los vinos de la DO Rías Baixas.
Puedo decir, sin duda ninguna, que es quizá el libro sobre vinos que más me ha hecho disfrutar, sonreír y hasta reírme, a la vez que me preguntaba ¿cuántos amigos se estará ganando JL con esto?. No tarden ustedes ni medio segundo en hacerse con él si quieren leer a un tipo que no le debe nada a nadie y dice las cosas como las piensa. Ah, y por favor, lean con calma el glosario que está al final; no tiene desperdicio.
Joan Gómez Pallarès es catalán, un filólogo clásico (se nota, es una autentica delicia leerle citando de forma certera y atinada a los clásicos) que dice no tener ningún tipo de formación profesional en esto del vino. Y yo digo que ya quisieran muchos profesionales saber y entender la mitad de lo que entiende Joan. Desde su blog De Vinis, nos ilumina periódicamente, nos descubre vinos, nos acerca personas, y nos intenta demostrar que hay otra forma. Pues va el señor Pallarès, y después de un viaje por la península buscando las raíces de la autenticidad vinícola, se nos descarga con un libro que me ha hecho darle un montón de vueltas a la cabeza: Vinos Naturales en España.
Joan es un apasionado defensor del vino natural, del vino hecho sin artificios, donde la calidad empieza por una viticultura respetuosa y de calidad y el hombre lo que debe hacer es no destrozar lo que la naturaleza le ha entregado. Además, Joan es un creyente de la biodinámica, ese conjunto de ideas que buscan acercar nuevamente al ser humano a la naturaleza que le rodea, y llevarle a realizar unas prácticas lo más respetuosas y congruentes con su entorno y con lo que ya hacían antaño nuestros antepasados.
Nos propone Joan en su libro un interesantísimo viaje por lo que él entiende por la forma correcta de hacer vino, o por lo menos, la forma que a él más satisfacciones le produce. Lejos de las producciones en masa, la enología total y la uniformidad, Pallarès defiende la autenticidad, la personalidad y la diferenciación nacidas del respeto a lo que tu entorno te da. Y debo reconocer que habiendo leído hace poco el libro de Enología Práctica de Peynaud, leer la propuesta de Joan me ha descolocado un poco los esquemas.
Como ya sabía él, y yo, hay partes del libro con las que no comulgo, ideas y propuestas que, como el mismo autor dice, me hacen arquear las cejas. Pero muchas otras me han trasladado a sitios donde he estado, y a vinos que he probado, y que han sido quizá los vinos que más cosas me han dicho. Y eso tiene que querer decir algo.
Termina Joan presentándonos a algunas de las personas que admira, que hacen los vinos que él quiere beber, y que los hacen como él cree que deben hacerse. A algunos les conozco en persona, y he estado en sus viñedos y bodegas, de otros he probado sus vinos, y a otros sólo les conozco de oídas, pero a todos ellos les prestaré ahora más atención.
Si quieren ustedes aprender y entender que hay otra forma de elaborar vinos, que hay vinos que nos dicen más cosas que otros, que hay personas absolutamente comprometidas con su entorno y que hacen de su medio de vida una filosofía, salgan ya mismo a hacerse con el libro del señor Pallarès.
No debe ser casualidad que José Luis y Joan coincidan en muchos aspectos, admiren a los mismos vignerons, y disfruten con los mismos vinos. Todo esto tiene que querer decir algo, y tendremos que estar atentos.
Nos traen estos dos hombres dos libros de mucho disfrutar, pero sobre todo, de muchísimo aprender. Dos libros de dos personas a las que si ya respetaba, ahora admiro. Dos libros que deben estar en la biblioteca de cualquier amante del vino y a los que creo que hay que volver periódicamente para que nunca se nos olvide de qué va todo esto.