domingo, 25 de agosto de 2013

Enoturismo III: Viticultura Heroica

Nuestro fin de semana enoturístico iba acercándose a su fin, y tocaba hacer un recorrido en uno de esos trenecitos que vemos recorriendo casi todas las ciudades españolas repletos de turistas. Pero en esta ocasión, el tren no recorría ninguna ciudad, sino que se internaba por los serpenteantes caminos que cruzan las terrazas y viñedos de las laderas del río Sil. Una forma de ver y vivir desde dentro la viticultura heroica.
La Ribeira Sacra, antigua "Rivoira Sacrata", está integrada un conjunto de veinte municipios de las provincias de Lugo y Ourense, cuyo elemento aglutinador es el curso fluvial de los ríos Miño, Sil y Cabe. Se cree que el nombre deriva de la cantidad de monasterios y templos que jalonan las laderas de los cañones y gargantas que bordean estos cursos.
La viticultura en estos terrenos nunca ha sido fácil. Laderas de más de 45º, sol de justicia y temperaturas duras tanto en invierno como en verano, hacen que las laboras propias del cultivo de la vid sean tremendamente exigentes. Así, la Ribeira Sacra está integrada en Cervim, el Centro de Investigación, Estudio, Salvaguarda, Coordinación y Valorización de la Viticultura de Montaña, cuyos requisitos son terreno con más del 30% de declive, altitud superior a 500 metros sobre el nivel del mar, viñas en terrazas de cultivo o paratas o viticultura de las pequeñas islas. Viticultura heroica, ni más ni menos.
Con un sol de justicia y unos 40º de temperatura, nos adentramos a bordo del tren en esos impresionantes viñedos, que junto con el río y las montañas, conforman unos de los paisajes más majestuosos de Galicia. Cuando uno se sumerge en estos paisajes, las palabras sobran, y es mejor dejar hablar a las imágenes.




Sólo acabar diciendo que, tras una muy breve visita a la bodega Regina Viarum, para reponer fuerzas con un trozo de rosca de Sober y una copa de vino, pusimos rumbo a Rosende, para cenar, hacer noche y desayunar, en uno de los alojamientos más impresionantes en los que he estado nunca. La Casa Grande de Rosende forma parte de Pazos de Galicia, y con sus paredes de piedra cubierta de hiedra, sus suelos de madera, sus estancias antiguas y su decoración, era como dormir en un museo. Un fantástico desayuno que incluyó queso do país y membrillo casero, puso el broche de oro a un fantástico fin de semana, del que volvimos a casa nuevamente bordeando el Sil y el Miño, y despidiéndonos de una de las regiones más encantadoras de la Galicia interior.



Quisiera agradecer nuevamente a Amparo, de Enoturismo Galicia, todas sus gestiones, paciencia y ayuda para organizar todo el viaje, horarios, visitas y comidas. Una auténtica profesional con la que no dudéis en contar para este tipo de planes.
Papá, Mamá, Hermana, Cuñado, gracias por regalarme esta joya de viaje. Anush, gracias por acompañarme en esta escapada y disfrutar conmigo.

jueves, 22 de agosto de 2013

Enoturismo II: Ribeira Sacra y Algueira

Segundo día de nuestro fin de semana enoturístico. Cambiamos de provincia siguiendo la preciosa ribera del río Sil, y ponemos rumbo a Doade, parroquia del Concello de Sober. Una región entregada a la viticultura, y corazón de la subzona de Amandi, donde nacen los que para mi son los vinos más interesantes de la Ribeira Sacra. Viajando por sus carreteras, nos cruzamos una tras otra con las bodegas con más renombre de la región: Guímaro, Rectoral de Amandi, Regina Viarum, Régoa, Regueiral...y la que nosotros íbamos a visitar, Algueira.
Tengo que reconocer que cuando uno ha visitado ya unas cuantas bodegas, ver los depósitos de acero con sus camisas de frío, las prensas, la sala de barricas, las embotelladoras, pues cómo que ya no hace tanta ilusión ni impresiona tanto. Desde hace un tiempo prefiero visitar los viñedos, hablar con viticultores y enólogos, probar los vinos en distintas etapas de elaboración, e intentar absorber todos esos conocimientos. Pero esto no quita para que me sorprendiera que la visita a Algueira fuera una visita...sin visitar la bodega.
En Algueira han hecho, aparte de por la calidad y personalidad de sus vinos, una apuesta fuerte por el enoturismo. Así, cuando se es un visitante más, se puede encontrar uno formando parte de un gran grupo de 10 ó 12 personas, sentadas en una sala escuchando las explicaciones de Fernando, y catando varios de sus vinos sin apenas tiempo de hablar con detalle sobre ellos.

El edificio que alberga la bodega está situado en un precioso entorno, rodeado de castaños y carballos, y perfectamente integrado en el medio, construido a imagen a una antigua edificación románica. Nada más entrar, y pasar a la sala de recepción, Fernando Algueira empieza, ayudado por un soporte audiovisual, a demostrar que es un verdadero apasionado del viñedo, del trabajo en el campo como base fundamental sobre la que se asienta un gran vino, del respeto a la naturaleza y de las características de la región que ve nacer a sus vinos. Alrededor de una hora escuchándole hablar con pasión y amor, de sus tierras, de sus viñas, del trabajo en el campo, del tiempo, esfuerzo y dinero invertidos, y de los frutos de esos desvelos.
Algo menos de 20 Ha de viñedo, localizado en laderas imposibles de los cañones del Sil, en socalcos que ha llevado más de 3 años tener preparados y dispuestos para recibir las vides, con una orientación magnífica que les permite recibir la luz del sol durante todo el día, y sobre esos maravillosos y pobres suelos pizarrosos de estas tierras. Trabajo totalmente manual en las viñas, como no puede ser de otra manera en las tierras de la viticultura heroica, tratamientos exclusivamente con azufre y cobre, respeto por los ciclos naturales, y uso estricto de levaduras indígenas del viñedo, hacen que los vinos que se elaboran en Algueira tengan la personalidad que tienen y estén alcanzando los reconocimientos recibidos.
Fernando decidió apostar en su día, aparte de por las más conocidas Mencía y Godello, por volver a trabajar y poner en valor a otras castas más olvidadas, como Alvarello, Merenzao, Caíño o Brancellao. Además, entre las uvas blancas, trabajan con Loureiro, Albariño y Treixadura. Con toda esta paleta, pintan unos 12 cuadros, entre vinos jóvenes y con crianza, monovarietales y ensamblajes, blancos y tintos.

Como ya he dicho, al tratarse de una visita eminentemente turística, los vinos catados inicialmente fueron los más básicos de la bodega, pero fue una buena muestra de la personalidad y características diferenciadoras del trabajo que se hace en Algueira. Algueira Brandán es un blanco joven 100% Godello con unas características muy varietales de frutosidad (manzanas, hueso de fruta), muy buena acidez y frescura, y con un final tremendamente mineral que nos impresionó. Algueira Cortezada es un ensamblaje de Godello, Albariño y Treixadura, fresco, frutal, más complejo que el anterior, y nuevamente con una mineralidad asombrosa. De los tintos se nos ofreció en primer lugar el Algueira Mencía, un monovarietal de Mencía, sin ningún tipo de crianza, que era todo moras y cerezas, frescura y pizarra. Terminamos la cata oficial, con el Algueira Carravel, un vino 100% Mencía con unos 12 meses de crianza en barricas usadas de roble francés, en el que destacaban las notas florales y de frutas del bosque con un discreto ahumado de fondo, y que con tiempo en la copa desplegaba unos deliciosos caramelos, en boca se reveló fresco y firme, con un tanino muy gustoso. Todos estos vinos tienen el denominador común de la omnipresente mineralidad que les marca, y que se nota muy especialmente en los blancos.
Tras acabar la charla institucional, tuvimos la oportunidad de charlar más íntimamente con Fernando, trasmitiéndole los saludos que Mariano Fisac nos había encargado, y profundizando algo más en su trabajo y filosofía. Además, pudimos probar dos joyas vinícolas que Fernando quiso lucir y que nos dejaron gratamente sorprendidos. En primer lugar Algueira Escalada, un varietal de Godello fermentado y criado con sus lías durante unos 12 meses en barrica. Gran despliegue de miel, orejones, frutas confitadas, piel de ciruela. En boca untuoso, algo dulzón, intenso y con un gran final. Un delicioso vino. Acabamos con un vino que me impresionó realmente, Algueira Madialeva, un vino elaborado 100% con Garnacha de viñedos viejos, con crianza en tinos usados y  presentado en formato mágnum. Prodigio de frescura, ciruelas negras, frutos del bosque, hierbas del campo. Elegante, fresco, equilibrado y fino. Sin duda, para mí, el mejor vino de todo el día.
Una vez acabadas las charlas y las catas, pasamos al restaurante (si, el regalo incluía una comida en el restaurante de la bodega), donde no puedo dejar de destacar un espectacular jarrete de ternera al vino tinto con castaña pilonga, tiernísimo, jugoso, delicioso, y con el acompañamiento de las castañas, fantástico.
Intentamos tras la comida mantener otra charla aparte con Fernando y Ana, pero la enorme cantidad de visitas que reciben y lo atareados que están, no lo permitió. Esperamos poder volver a visitarlos, en petit comité, para poder tener una charla más distendida, y si es posible, probar los vinos que realmente nos apetecía probar, Brancellao, Merenzao, Pizarra...
La jornada no acabó aquí. Aún íbamos a tener más sensaciones y descubrimientos, pero lo dejaremos para otro día.

martes, 20 de agosto de 2013

Enoturismo I: Valdeorras y Godeval

Cuando la familia sabe lo que te gusta, y te regala un fin de semana de visitas a bodegas, comidas y alojamientos en tierras de Valdeorras y la Ribeira Sacra, no puede uno más que sonreír, agradecerlo desde lo más profundo y pertrecharse para irse a disfrutar. Mi otra mitad fue arrastrada conmigo al viaje, y aunque no creo que disfrutase tanto como yo, vio, caminó, comió y cató como la que más, aportando sus certeras opiniones en los momentos justos.
Después de un intercambio de emails con Amparo, de Enoturismo Galicia, para terminar de concretar fechas y horarios y planificar todo, llegó por fin el día de ponerse en marcha.
Primer día, en ruta hacía O Barco de Valdeorras, donde nos espera Araceli Fernández, directora de la bodega e hija de uno de los personajes claves en el desarrollo de lo que es hoy en día la DO Valdeorras. Con ella, íbamos a conocer una de las primeras bodegas de esta denominación que apostó por la recuperación de la, en su día olvidada Godello, y por empezar a hacer vinos de calidad monovarietales. Hablamos de Bodegas Godeval.
Tras la plaga de la filoxera, en Galicia se replanta el viñedo con castas más productivas y resistentes, pero muy alejadas de lo que eran las castas tradicionales. Así, la Palomino jerezana ocupa el sitio que antes tenían Godello, Caiño Blanco, Treixadura y otras. En 1974, Horacio Fernández Presa, fundador y alma máter de Godeval, pone en marcha junto con Luis Hidalgo, el programa REVIVAL (Reestructuración de Viñedos de Valdeorras), con la intención de recuperar la casi desaparecida Godello. El programa logró la implantación de una nueva viticultura en la comarca, y fue premiado en varias ocasiones.
En 1986, Horacio y otros socios fundan la bodega Godeval, con la intención de elaborar vinos de calidad basados únicamente en la casta Godello. Inicialmente situada en los preciosos edificios del monasterio de Xagoaza, actualmente se han trasladado a un moderno edificio cercano, basado en el concepto de espacios abiertos, y con unas fantásticas vistas del valle donde está situado. 21 Ha de viñedo, plantado en su mayoría en los años 70 y 80, en pronunciadas laderas de orientación sur, y sobre suelos pobres y pizarrosos, que dan personalidad a los vinos.
Vendimia manual, selección de racimos en viñedo y bodega, fermentación en acero inoxidable con levadura neutra seleccionada (están en proceso de aislamiento de sus propias levaduras indígenas) y control de temperatura y reposo con lías también en acero. La tentación de la madera aún no ha calado en Godeval, nos explica Araceli, pero si están inmersos en un proceso de I+D para determinar si distintos tiempos y temperaturas de maceración prefermentativa en frío, aportan características distintivas a los vinos como para poder embotellar una referencia nueva.
Tras la visita a los viñedos y a la nueva bodega, bajamos al monasterio a catar los vinos. Es difícil transmitir las sensaciones que se tienen al entrar en aquel edificio de piedra. Caminar por su claustro, recorrer sus habitaciones, ver los escalones de piedra desgastados por el paso de los años y las innumerables pisadas, sentir las maderas de los suelos crujir con nuestros pasos...y luego escuchar el silencio. En este entorno difícilmente superable, Araceli dispuso para nuestra cata y disfrute, los dos vinos que elabora la bodega, Godeval y Godeval Cepas Vellas.
Godeval 2012 (DO Valdeorras, blanco joven 100% Godello) se elabora, como hemos dicho, con fermentación en inox y sin ningún tipo de crianza ni trabajo de lías. Es un vino de color amarillo pálido, de frescos aromas de manzana y de fruta de hueso, quizá con algún punto cítrico, y que en boca es un vino alegre, de buena acidez, con un paso fresco y suave y un final amargoso y claramente mineral que invita a otra copa. Un vino de aperitivo y de beberse más de una copa charlando con amigos.
Godeval Cepas Vellas 2012 (DO Valdeorras, blanco con crianza con lías 100% Godello) se elabora con los frutos de las cepas más viejas de los viñedos, y pasa por un período de unos 6 meses de crianza con sus lías, en depósitos de acero, con un par de bastoneos semanales. El resultado es un vino de color amarillo más pajizo, más intenso, con una nariz donde ya aparecen esas notas de la crianza con sus lías, junto con las hierbas aromáticas y las frutas blancas muy maduras que le dan un toque dulzón. En boca es un vino más graso, sabroso, con buena acidez, muy envolvente y nuevamente con esas puntas minerales al final. Un vino más serio y de mayor estructura, que iría muy bien para comer ciertos pescados elaborados o carnes con cierta grasa, como un cochinillo.
Araceli es una persona encantadora, y en medio de la deliciosa charla que estábamos manteniendo mientras admirábamos el claustro del monasterio y las laderas que lo rodeaban, nos sorprendió con una obra fuera de programa, y apareció con una botella de Godeval 2008 (DO Valdeorras, blanco joven 100% Godello). Este vino ya con 5 años a sus espaldas, mostraba un color amarillo intenso, muy bonito. Los aromas habían evolucionado a la aparición de orejones, piel de naranja confitada y notas de miel y de cera de abeja. En boca se mostró glicérico, lleno, con muchas frutas muy maduras y de nuevo esas notas amieladas que le daban un punto dulzón, y con un final bastante persistente. Fantástica evolución de un vino sin ningún tipo de crianza ni trabajo con lías, y que me bebería con quesos azules suaves por ejemplo.
La visita, que estaba previsto que durase alrededor de unos 90 minutos, acabó durando más de tres horas. Hablamos de vinos, de historia, de personas, de gurús, de mercado... Araceli, repito, es una fantástica persona, a la que agradecemos sinceramente lo bien que nos trató, y el buen rato que pasamos con ella, que incluso interrumpió sus vacaciones para atendernos. Esperamos volver a vernos y a catar de nuevo esos vinos en su compañía.
El día tocaba a su fin, y se cerró con una agradable cena en el Restaurante Casa Galaica, donde una botellita de Alan de Val Godello acompañó a un surtido de ibéricos y quesos, unas deliciosas croquetas y una correcta dorada a la brasa, para terminar, en mi caso, con un postre llamado Muerte por Chocolate, y que creo que no necesita mucha descripción.
Para terminar, alojamiento en la casa rural Pacio do Sil, en A Rúa, donde repusimos el cuerpo con el descanso y el fantástico desayuno que al día siguiente nos ofreció la señora Lucía, dispuesta a que el cuerpo aguantase lo que se le venía encima.

lunes, 12 de agosto de 2013

De Vinos, Tortilla y Raya

Esta vez el objetivo del viaje no era visitar la bodega, ni catar los vinos, ni visitar los viñedos. Esta vez nuestro viaje hasta Castrelo era para, como nos había propuesto el mismo Xurxo, montar una cuchipanda. Y claro, allá que nos plantamos. En esta ocasión, además de mi otra mitad y el propio Xurxo, contamos con la presencia de Edgar Miguel Perassi, sumiller de O Lagar da Platería y finalista de la Nariz de Oro 2012, lo cual era todo un lujo.
No estaba en el plan inicial, pero Xurxo siente verdadera pasión por lo que hace, así que pasamos a la bodega a catarlo todo. Los depósitos de Albamar 2012, que rebosan acidez y una salinidad impresionante; las barricas de Pepe Luis 2012, ya a punto para embotellar, y que me ha encantado; el depósito de Alma de Mar 2012 recién separado de sus lías, pleno de aromas intensos y sugerentes, aunque algo corto de acidez; y ese depósito de Albamar 2010, que sigue allí evolucionando de forma más que interesante.
Pasamos por fin a lo que era el punto clave de esta visita, que además la señora María Isabel ya empezaba a reñirnos porque la comida llevaba ya mucho tiempo hecha. En la mesa nos esperaban una empanada de xoubas con un sabor como hacía tiempo que no probaba (hecha por una vecina, aclaró el anfitrión), queso, aceite de oliva navarro, y las joyas, la tortilla y la raya a la gallega. La tortilla era un prodigio de cremosidad, sabor desbordante, punto perfecto, imposible parar de comerla. Y la raya a la gallega, con los aromas del pimentón llenándolo todo, con una carne de textura inmejorable y un sabor que ocupada todos los rincones de la boca. Acabamos con una trenza de Caldas y en honor a nosotros, los visitantes levantinos, una mistela de Teulada.

El apartado líquido corrió a cargo de Albamar 2012 (frescura, frutosidad, acidez vivísima, salinidad), Alma de Mar 2011 (intensidad, untuosidad, fruta madura...pero que puede llegar a saturar), Pepe Luis 2011 (fruta y ahumados conjuntados y sin entorpecerse, acidez, plenitud), Albamar 2012 Edición Especial Gogue, un vino elaborado con el genial dibujante gallego Gogue, padre del gran Floreano, quien se hizo cargo del diseño de la etiqueta (un Albamar con un 20% de maloláctica, más fácil de beber pero con toda su personalidad), Fusco 2012 (Mencía joven elaborada en la Ribeira Sacra, plena de fruta roja y frescura) y otras dos joyas que nos tenía preparadas Xurxo. Por un lado, Albamar 2008, decantado con tiempo, que se mostró mucho más viva que la botella que bebí yo en casa, con sus amielados, sus orejones, su untuosidad y su punto de oxidación. Muy interesante.
Por otro lado, mención especial merece una nueva elaboración de Xurxo, Albamar Finca O Pereiro 2012 (DO Rías Baixas, blanco joven con reposo sobre sus lías finas, 100% Albariño, Bodegas Albamar). 100% Albariño de una única parcela, O Pereiro, situada a unos escasos 200 metros del mar, y con una buena parte situada dentro del complejo intermareal Umia - O Grove. Se trata de un vino de color amarillo pálido, con reflejos acerados. Nariz muy elegante y de buena intensidad, con piel de manzana verde, fruta de hueso, recuerdos cítricos y herbáceos. En boca, seco, con una acidez muy buena marca de la casa, lleno, con mucha presencia, y marcando ese final salino y mineral. Un vino del que este año hay una producción muy pequeña, porque fue lo que dio de si la viña, pero al que hay que seguirle la pista sin duda. Un vino serio, elegante, y de gran personalidad.


Y fuera de comidas y bebidas, casi lo mejor de la jornada fueron las personas y la conversación. Política, viñedos, vinos, Galicia, distribución, tintos gallegos, elaboradores de culto...Disfruto mucho cuando en estas tertulias hay alguien que se dedica a la distribución y venta, porque te pone los pies en la tierra y te enseña muchas cosas de la realidad de la vida del vino y sus personas, más allá de ensoñaciones, admiración y desconocimiento. Además, Edgar resultó ser un gran conversador, un enorme conocedor, y una persona con la que volver a compartir mesa y mantel.
En fin, el día no pudo ir mejor. Fantásticos vinos, mejor charla, e impresionante comida, como sabíamos que iba a ser. Xurxo, nuevamente graciñas por todo y un fuerte abrazo a tu madre. Nos volverás a tener por allí muchas veces.

P.D.: acabo de enterarme ahora mismo, tarde como siempre, que Juan Ignacio Ayerbe, de ElSumiller.es, en A Coruña, resultó el tercer clasificado en la final de la Nariz de Oro 2013. Además de ser mi tienda online de cabecera para los buenos vinos gallegos, Juan es una persona cercana y dispuesta siempre a echar una mano con recomendaciones y aclaraciones, por lo que vaya desde aquí mi más sincera enhorabuena.

domingo, 4 de agosto de 2013

El Burdeos Más Famoso de YouTube

No creo que haya mucha gente de la que visita este blog que no haya visto alguna vez este famoso video de YouTube, en el que el Grand Vin de Reignac queda, en cata ciega, por delante de grandes vinos como Latour, Margaux, Cheval Blanc y el mismísimo Petrus. Hay además otros videos en los que podemos ver al Reignac competir y ganar a vinos como Cos d'Estournel o Lafite-Rotschild de la añada 2004 o a Margaux y Mouton-Rotschild en la añada 1998. Aún más, en otro video se muestra una cata a ciegas en las que se mide Balthus, del mismo Château de Reignac, con Cheval Blanc, Petrus y Lafite-Rotschild, con resultados muy interesantes.
Todos estos videos me hacen pensar si había algún interés en el Gran Jurado Europeo por promocionar este vino. Además de que, enfrentar las mismas añadas de vinos como Petrus o Margaux, que necesitan muchos más años para estar en plenitud, con Reignac, que posiblemente esté a punto mucho antes, pues es un poco como hacer trampa.
En cualquier caso, y reconozco que impulsado por la popularidad mediática, me decidí a comprar una botella y probar este vino. Botella que compré hace casi un año, y que al descorcharla hace poco, tenía un problema de corcho que lo hacía imbebible, por lo que me dirigí a esa famosa tienda de logo triangular y verde para que me la cambiaran, cosa que hicieron sin ningún problema, estando incluso dispuestos a devolverme el dinero a pesar de no tener yo ya el ticket de compra. Esta segunda botella no tenía ningún problema, así que tras decantar con una media hora de antelación, la serví en la mesa, nuevamente con un surtido de quesos potentes.
Château de Reignac está situado en la región bordelesa de Entre Deux Mers. Fue construido en el siglo XVI por Baude de Peyron y remodelado en los siglos XVIII y XIX, incluyendo un invernadero diseñado por Gustave Eiffel.  En 1990 es adquirido por Yves and Stephanie Vatelot, quienes han introducido una serie de elementos como la creación de un lago artificial para moderar las temperaturas y prevenir las heladas o plantación de bambú para el procesado de los residuos de la vinificación. Las 80 Ha de viñedo están asentadas en suelos ricos en Molasse du Fronsadais, marga, caliza de Castillon y guijarros de antiguas terrazas aluviales; y en los puntos más elevados, piedras y grava. Las premisas de trabajo de los Vatelot incluyen plantaciones de alta densidad, adaptación de las cepas (variedades y portainjertos) al terreno, el respeto de los suelos, uvas cosechadas en su punto de madurez óptima y cuidadosamente seleccionadas, vinificación y envejecimiento adaptado a cada uno de los terroirs de Reignac. Cuentan con la asesoría enológica del gurú de la Merlot, Michel Rolland.
En Château de Reignac se elaboran cuatro vinos. El Grand Vin de Reignac es el vino estandarte, siendo Château de Reignac el segundo vino. Elaboran un vino 100% Merlot de las viñas más viejas, llamado Balthus y un blanco elaborado con Sèmillon y Sauvignon Blanc.
En mi caso, el vino que me atrajo desde YouTube y que probé, fue el Grand Vin de Reignac 2008 (AOC Bordeaux Supérieur, tinto con crianza 75% Merlot y 25% Cabernet Sauvignon; Château de Reignac), que se elabora a partir de viñedos con una edad media de 43 años, tras vendimia manual y doble selección de racimos y bayas. El 30% de las uvas se vinifican en barricas nuevas de roble, mientras que el otro 70% se vinifican en depósitos de acero y de madera, después de una maceración en frío. Maloláctica en barrica y crianza de 19 meses con sus lías en barricas nuevas de distintos elaboradores, terminan de preparar el vino para su embotellado.
Nos encontramos con un vino de color rubí granatoso, de buena capa, con ribete granate. En nariz no me pareció un vino muy intenso, siendo licoroso, con algo de fruta negra muy madura y algún atisbo de fruta roja, pero todo muy indefinido, y con un sutil especiado de fondo. En boca, buena acidez y cierta presencia, sabroso, con un tanino que aún puede integrarse más y un final no especialmente memorable. Tras 48h con Wine Saver de Vacuvin aparecen notas ahumadas y de café, y el conjunto mejora un poco, pero se nota algo descompensado. Diría que es un vino simplemente bebible, y en algunos aspectos bastante flojito.
Puedo ser yo, pudo ser el día, pudo ser mi botella, pero me cuesta mucho entender que este vino haya quedado por encima de algunos de los mitos a los que ha ganado en esas catas a ciegas. Yo, desde luego, el precio que inicialmente tenía (alrededor de unos 15€) no digo que no los valga, pero lo que ahora piden y yo pagué por él (unos 30€) no los pienso gastar de nuevo.