jueves, 9 de diciembre de 2010

Hacienda del Carche

Este fin de semana hemos, por fin, podido hacer uso de una de las Wonderbox que nos habían regalado ya hace meses, y decidimos visitar una bodega y probar sus elaboraciones.
Hacienda del Carche es una joven bodega fundada en 2006, pero con la experiencia de gentes cuya tradición familiar vinícola se remonta al siglo XIX. Situada en Jumilla, en la zona de la Sierra de El Carche, en un entorno natural muy interesante, se levanta una bodega sobria, moderna y elegante, fabricada en piedra natural de Villa Mayor que ayuda a mantener constante la temperatura interior, en una zona en la que se puede oscilar en una semana entre los -7º y los 21ºC, sin olvidar los tórridos 35º del verano.
Suelos pardos y calizos, donde las cepas y olivares se las tienen con el extremo clima de la zona, y que agradecen los riegos por goteo que se les ofrecen a unas cepas conducidas algunas en vaso y la mayoría en espaldera.
Más de 100 Ha entre viñedos y olivares, con Sauvignon Blanc, Macabeo y Airén como castas blancas, y Monastrell, Cabernet Sauvignon, Tempranillo y Syrah como tintas, con unas pocas Ha de cepas de Monastrell de más de 60 años. Entre las olivas, Picual y Arbequina, con las que se elabora el aceite en una almazara cercana.
Bodega de pequeña producción, limpia, reluciente y moderna. Depósitos de fermentación todos de acero inoxidable con camisas de control de temperatura, uso de levaduras seleccionadas, filtrado y clarificación por centrifugación y frío que eliminan cualquier atisbo de precipitado, maderas nuevas, y como mucho de tercer año, francesas y americanas, para algunas malolácticas y para las crianzas, en una coqueta sala con un parque de 250 barricas. Todo esto para producir unos vinos amparados por la DO Jumilla, claramente orientados a los gustos del marcado, en cuya elaboración la tecnología y el control dejan poco espacio a la artesanía y la expresividad.
Probamos toda la gama de vinos de la bodega, amén de su aceite y sus mermeladas.
- Blanco Hacienda del Carche 2009 (blanco joven, 34 % Sauvignon Blanc, 33 % Airén, 33 % Macabeo). Amarillo pálido con reflejos acerados y verdosos, dignos de un vino jovencísimo. Nariz de buena intensidad, con mucha fruta blanca (pera, manzana), piña y esos recuerdos animales de la Sauvignon Blanc. En boca, fresco, ligero, muy frutal y refrescante. Un blanco sencillo, muy marcado por la levadura, pero de los que gustan a casi todo el mundo para un aperitivo en verano.
- Rosado Hacienda del Carche 2009 (rosado joven, 50% Monastrell y 50% Cabernet Sauvignon). Bonito color frambuesa brillante, con reflejos grisáceos. Aromas de fruta roja fresca y dulzona, con recuerdos de golosinas y leves toque herbáceos. En boca, buena acidez, ligero y agradable. No entusiasma, pero se deja beber.

- TAVS Joven 2009 (tinto joven, 80 % Monastrell, 20 % Syrah). Picota con jovencísimos ribetes violáceos. Nariz intensamente frutal (nuevamente las levaduras sospecho que marcan los aromas), fruta roja madura (frambuesas) y pinceladas florales. En boca es fresco, ligero, algo goloso y con un final bastante tánico que igual pule algo con unos meses de botella. Agradable en conjunto, si obviamos inesperada tanicidad final.
- TAVS Selección 2008 (tinto roble; Monastrell, Cabernet Sauvignon y Syrah). Con 4 meses de barrica, muestra uno color algo más granate con ribetes aún jóvenes. A copa parada, oler este vino es como oler una duela recién serrada, pero tras agitar y darle un tiempo, aparecen las frutas negras y rojas muy maduras, con recuerdos minerales y algún balsámico suave, pero sigue estando muy presente la madera nueva. En boca tiene un paso más intenso, más potente, marcando de forma clara la fruta y con un tanino agradable aunque presente. Mejor en boca que en nariz, donde la madera se lleva un poco por delante lo demás.
- Hacienda del Carche Cepas Viejas (tinto con crianza, 50% Monastrell y 50% Cabernet Sauvignon). Monastrell de cepas de 60 años, de muy baja producción, criado 12 meses en barricas nuevas de roble francés. Color granatoso, evolucionado, con ribetes atejados. Nariz elegante y de buena intensidad, con fruta madura, especias y balsámicos. En boca, amplio y sedoso, bien estructurado, con tanino dulce y agradable y una duración media. El mejor vino de la bodega, el más serio y elegante.
Son de destacar también las deliciosas mermeladas de Monastrell y de Sauvignon Blanc, una gozada con un poco de queso de cabra curado, y el aceite, con esas notas picantes de la picual, intenso y agradable.
En resumen, una bodega joven y moderna, que elabora productos agradables, fáciles y directos, claramente orientados a un mercado específico que gusta de vinos muy afrutados, limpios y frescos, pero que relegan un poco la personalidad y la diferenciación.

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