domingo, 20 de septiembre de 2009

Ejercicio de Cata

Ayer asistí al que espero sea el primero de una serie de ejercicios de cata donde hemos utilizado el sistema de puntuación sobre 100 puntos. Catamos y puntuamos cuatro vinos, sencillos ya que era la primera vez.
Se trataba no sólo de apreciar y distinguir las sensaciones visuales, olfativas, sápidas y táctiles de un vino, sino de aprender a puntuarlas según su calidad y cualidades, para intentar obtener una valoración global del vino lo más exacta e imparcial posible.
De lo aprendido ayer destacaría:
1º) La cata a ciegas elimina prejuicios y pone las cosas en su sitio. Un Laudum Barrica de 2006, que antes no compraría para casa ni pediría en un restaurante, obtuvo la mayor puntuación de los vinos catados. Gustos y prejuicios aparte, resultó un vino bien hecho, al que aún le falta terminar de integrarse un poco.
2º) Es muy difícil eliminar por completo la influencia del gusto personal sobre la valoración de un vino. A un Abando Crianza de 2001 le dí la puntuación más baja, con excepción de un vino que ya estaba pasado de fecha. Está considerado por muchos entendidos como un gran vino, pero ni la botella que ya había probado en casa, ni la que catamos ayer, acabaron de gustarme, lo cual influyó negativamente en la impresión general.
3º) Los vinos jóvenes, de buena capa, brillantes y aromáticos, parten con ventaja respecto a vinos más entrados en años. El Viña Alarba Garnacha Viñas Viejas de 2008, con sólo dos meses en barricas de roble, tiene un color cereza oscuro brillante, de capa muy alta, con unos ribetes violáceos plenos de juventud que anticipan unos aromas frutales (fresa, moras) deliciosos. Todo esto le hace partir con una puntuación muy alta antes de llegar a la fase gustativa. Creo que estos sistemas de puntuación  fallan al penalizar vinos por sus colores apagados y sus capas mucho más bajas, que son lo normal y esperable en los vinos de guarda.
4º) La primera impresión es muy importante en una cata, y en las catas profesionales para elaborar guías y concursos, a veces es la única que se tiene en cuenta. Pero a veces hay que esperar un poco y darle una segunda oportunidad a los vinos. Un Gromejón Crianza de 1994, ya prácticamente muerto y sin ninguna virtud, recuperó algunos aromas agradables y se hizo casi bebible hacia el final de la cata.
5º) La práctica es fundamental. Ayer fui capaz de detectar fallos en los vinos (falta de equilibrio y armonía en uno, oxidación y estragos del tiempo en otro) y excepto en una de las muestras, me he desviado sólo 3 puntos de la puntuación otorgada por el director de la cata. Esto sería impensable hace un par de años.
En resumen, ha sido un ejercicio muy interesante y entretenido, que espero seguir haciendo, ampliando el abanico de vinos, catando vinos con defectos, etc.

5 comentarios:

  1. Buen ejercicio si señor, y tienes razón en las cosas que dices. A uno le sienta bien comprobar que va aprendiendo con el paso del tiempo.

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  2. Fue un ejercicio muy interesante, Sibarita. Aprendes a valorar un vino por lo que es y por como está hecho, intentando dejar otras cuestiones de lado.
    Y si, siente muy bien comprobar como vas aprendiendo, y como aún no tienes idea de casi nada, jeje.
    Saludos.

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  3. No hay nada como la práctica, aunque debo confesarte que soy muy malo para los aromas. Por otro lado cada día creo menos en las calificaciones numéricas. En el grupo de Cata, hemos adoptado una escala Alfabética. A+ para vinos celestiales, rozando la perfección. A Vino sobresaliente que compraría una caja. B Vino sabroso, todo en su sitio C Correcto D defectuoso o que no volvería a comprar.

    Saludos

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  4. Benjamín, yo también soy bastante negado para los aromas, más allá de los muy claros y conocidos. Pero ya sabes que la nariz se entrena y se educa, de hecho en breve me compraré una caja de aromas para practicar.
    Las calificaciones numéricas si creo que te permiten una prevaloración de la calidad de un vino, aunque no signifique que te vaya a gustar. El hecho de aprender un poco el proceso de estas puntuaciones, me ha servido, como comento, para valorar un vino de forma más técnica, dejando en lo posible de lado los gustos. De todas formas, cuando bebo vino, sólo hago catas hedonistas.
    Saludos.

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  5. Estoy de acuerdo, Smiorgan. Es lo que digo en mi comentario. Hace años, en España, por muchas razones, sobre todo por desconocimiento y falta de marcas comerciales, había X vinos con puntuaciones altas y eso les subía a los altares enológicos. Ahora con más guías, más "críticos puntuadores", más necesidad de vender por que la competencia es mayor y más feroz, mas sobornos o pagos interesados o como querais llamarlos, la mayoría de los vinos se encuentran en la misma "horquilla" de puntuación. Se dice que eso es mejor por que significa que ha aumentado la calidad del vino, en general, pero también por que hay mucho vino mediocre. Ahí es donde duele. Cuando alguien dice me ha dado parker 89 puntos no se percata, o no quiere, que como su vino hay un millón.
    Lo triste es que no son catas ciegas y como os ha pasado a vosotros se le da un vuelco a la clasificación final.
    Saludos.

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